Los prestadores de servicios aéreos tendrán un lugar destacado dentro de la “Jornada del Contratista Rural” que organiza este año Expoagro. Y desde la Federación que nuclea al rubro celebran la iniciativa y brindan su apoyo. El panorama del sector.

La aviación agrícola se ha ido convirtiendo en una herramienta clave dentro de la producción, por su capacidad de actuar en forma rápida, eficaz y en lugares inaccesibles para vehículos terrestres. Y detrás de esa tarea se encuentran los aeroaplicadores, un sector sobre el que pesa una gran responsabilidad y que tendrá un lugar destacado dentro de la “Jornada del Contratista Rural”, un encuentro coordinado por Expoagro que busca poner en valor la actividad del agente prestador de servicios rurales.

A desarrollarse el jueves 9 de marzo por la mañana en uno de los auditorios de la exposición, la cita promete debates, charlas, actividades y cuenta con el apoyo de todas las entidades representativas del sector, incluido la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas. “Participar es nuestra obligación. Corren tiempos en lo que el compromiso es el mayor valor agregado que le podemos dar al campo”, asegura el presidente de Fearca, Cesar Antonietti, quien invita a sus asociados a sumarse a la iniciativa.

“Los aeroaplicadores son ávidos concurrentes a todo lo que son jornadas y aunque sea nuestra época de trabajo, seguramente se harán un lugarcito y acudirán a Expoagro en un altísimo porcentaje”, añade el directivo. Allí podrán compartir experiencias con pares, analizar los desafíos y problemáticas del sector y visualizar las perspectivas de cara al futuro.

“El avance en ciencia y técnica es clave, porque gracias a ello hemos logrado acercar cada vez más la relación costo-beneficio y aumentar el nivel de rentabilidad”, asegura el piloto que opera en la zona de Sáenz Peña, en la provincia de Chaco. “En la actualidad se puede controlar un avión desde un celular y el productor puede saber en el mismo momento sobre qué faja se está operando, qué cantidad de caudal y cuánto se está aplicando, el peso específico del líquido y hasta las cantidad de gotas por centímetro cuadrado”, agrega Antonietti.

Pero la avidez de los contratistas aéreos por la constante renovación y actualización de equipos se choca con el alto costo de los productos, que suelen ser de tecnología importada. “En aeronáutica no existen cuestiones sencillas, ni baratas. Un equipo de mapeo cuesta entre 12 y 19 mil dólares, mientras que un regulador de caudal cuesta entre 7 y 10 mil dólares”, ejemplifica el titular de Fearca. Sin embargo, los elevados precios de las maquinarias no frenan el ánimo de los aeroaplicadores, que acompañando el importante repunte que tuvo la actividad agroindustrial durante el año pasado no dudaron en apostar e invertir en nuevas unidades.

“En el último año ingresaron al país más aviones nuevos que en los últimos cuatros años anteriores. Estamos hablando de modelos que rondan el millón de dólares, lo que cuestan cinco cosechadoras”, explica Antonietti, quien confiesa que se atravesó una época de rentabilidades exiguas en los últimos tiempos que reprimieron al sector. “En ese momento el avión paso a ser un valor elevado en todo el costo del laboreo, pero confiamos en el crecimiento y en el análisis de costo que debe hacer cada productor”, sintetiza.

En ese sentido, desde Fearca resaltan que las mayores tarifas que conlleva un servicio aéreo se igualan en la ecuación con una mejor calidad y eficiencia en la aplicación, lo que deriva en niveles de rindes de cultivo superiores. Y mientras las grandes empresas cada vez más se vuelcan a las ventajas que posibilita el uso del avión, los pequeños y medianos productores les cuesta su adopción y solamente recurren a estas prácticas en situaciones de urgencia: “El avión es el bombero de los incendios. Siempre se usa en cuestiones coyunturales y de emergencia. Tenés bichos y necesitas urgente una aplicación, el avión te lo soluciona. No tenés piso por cuestiones climáticas y no podes meter un tractor, el avión te lo soluciona. Pero si se analiza fríamente y en forma comercial, el avión es más eficiente que las herramientas terrestres porque el pisoteo incide desde un 3% hasta un 11% en la disminución del rendimiento”.

Antonietti pone también como ejemplo su experiencia como aeroaplicador en la reciente campaña de girasol en la provincia de Chaco: “El costo de dos aplicaciones aéreas y de una última aplicación de herbicidas para apurar y uniformar la maduración no llegó a un 7% del rendimiento”. De esta manera, el trabajo de los contratistas aéreos se ha intensificado en la actualidad y auguran buenas perspectivas para el futuro con la baja de las retenciones, la posibilidad de una buena cosecha y las inundaciones que aquejan a grandes áreas de la superficie argentina, lo que obliga a los productores a demandar los servicios de aeroaplicación.

En cuanto a las problemáticas que aquejan al sector, Antonietti se lamenta de los constantes controles y medidas estatales que impiden el normal desarrollo del rubro: “Es un desquicio, todos los días hay una regulación nueva. Y en realidad todo apunta a que paguemos algo. Si tiene avión, tiene dinero. Es ridículo”, se queja. Sobre la actividad pesa no solamente el código aeronáutico, sino también leyes nacionales, provinciales y hasta municipales, además de cargar a cuestas con la condena social de contribuir a la contaminación ambiental. Desde Fearca rechazan esta valorización y hacen hincapié en la capacitación y profesionalización de los miembros de la entidad, quienes brindan un servicio de calidad y seguridad en el cumplimiento de las normas de cuidado del medio ambiente.

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