Contratistas rurales, forrajeros y aeroaplicadores recibieron los reconocimientos Expoagro a la trayectoria e innovación. Las historias detrás de cada premio, que se suman a la historia de Rogelia.

Además del reconocimiento a Rogelia, contratista rural de 87 años y al mando de su propia empresa (Ver nota “Rogelia…”), este jueves se entregaron otros cuatro “Reconocimientos Expoagro a la Trayectoria e Innovación de Contratistas”, edición 2018. La entrega se realizó en el marco de la Jornada Contratistas que tuvo lugar en la mañana del jueves.

En esta nota, va la historia de Santiago Seiler, aeroaplicador de la empresa Agroalas, San Miguel de Tucumán; Daniel Gardello, contratista forrajero de Forceres SRL, de Tandil; Walter Barneix, contratista forrajero de WRB Silajes, de Lincoln; y Sergio Marinelli, contratista de Venado Tuerto. Todos merecedores de un reconocimiento.

Santiago Eduardo Seiler lleva 44 años en la actividad como aeroaplicador en San Miguel de Tucumán. Comenzó como piloto y 20 años más tarde compró la empresa en la que trabaja, Agroalas. Su astucia para volar también configura su personalidad para el negocio: pasó de tener dos aviones Cessna a contar con una flota de 6 aeronaves turbo hélice Air Tractor. También se eleva en la cantidad de hectáreas tratadas, diversifica los cultivos y sus 30 empleados reciben capacitación constante, con las Buenas Prácticas Agrícolas como bandera. En el 2012 certifica su empresa bajo normas de gestión de calidad ISO 9001 y RTRS, transformándose en la primera y única empresa con esta distinción en el NOA.

Los atributos que valoró el jurado en esta nominación fueron la antigüedad en la actividad, el profesionalismo y el contagio o traspaso generacional. De hecho fueron sus propios hijos quienes lo postularon. Este jueves no pudo asistir pero, en su nombre, estuvo su socio, Pablo Moreno, para recibir el reconocimiento a la trayectoria como aeroaplicador 2018.

El reconocimiento a la innovación fue para el contratista forrajero Daniel Gardello, de la firma Forceres SRL, de Tandil, Buenos Aires. Según el jurado, Gardello demostró creatividad y originalidad en la solución de problemas de logística y la planificación global del sistema.

Dice el ganador: “realizamos en 2012 el silo de maíz considerado el más grande del mundo. Tenía 3.500 hectáreas de maíz picado con rinde promedio de 42 toneladas. Es decir, 150 mil toneladas en un solo silo de 300 metros de largo, 90 de ancho y 14 de alto. El beneficio es disponer de gran cantidad de alimento y fibra de calidad en poco espacio. Esto reduce los consumos de combustibles y plásticos”. En representación de Daniel, vino uno de sus empleados, Néstor, quien trabaja con él hace más de 11 años: “Es una persona que apuesta al trabajo, a las herramientas y siempre innova en cosas nuevas, con mira al futuro. Este reconocimiento es fruto del sacrificio”.

Siguiendo con los reconocimientos, Walter Rafael Barneix, de la firma WRB Silajes y oriundo de Lincoln, se llevó el premio a la trayectoria como contratista forrajero. Walter lleva 30 años en la actividad. Comenzó a los 18 años como peón, luego fue maquinista hasta que compró su propia máquina de arrastre. De ahí en más continuó creciendo pero de forma equilibrada y prolija, incluso en años complicados. Hoy cuenta con 2 picadoras Claas, 5 tractores Case /New Holland, camiones compactadores y de transporte de máquinas propio. Cuenta con 15 empleados fijos y otros 15 que se incorporan para ensilaje y henificación.

El contratista rural Sergio Marinelli, de Venado Tuerto se hizo con el reconocimiento a la innovación 2018. Marinelli presta servicios de cosecha y asesoramiento agronómico. Siempre está tratando de mejorar la calidad de su servicio incorporando tecnología y dialogando con los productores porque entiende que son un equipo y que la ganancia del otro es también la suya. Está convencido de que aportarle información al cliente es lo que le permite crecer en la gestión de su propia empresa. Es un referente de los contratistas y de las empresas fabricantes de maquinaria agrícola.

Además de todo esto, es inquieto, curioso, participativo. Acepta todas las invitaciones para disertar, dar talleres, ser jurado. Es miembro de Aapresid, fue docente de Admite y de las jornadas del INTA Manfredi. Además es profesor en un colegio de su ciudad. Las empresas lo convocan para probar sus nuevos productos. Y en ese ir y venir constante que lo caracteriza, un día en el año 1995 incorporó en su cosechadora el primer monitor de rendimiento de la Argentina. Por esta audacia para comprender los cambios tecnológicos, pero sobre por el coraje de querer ser el primero en probarlos, el jurado lo eligió para entregarle este premio a la innovación. “Ser contratista no es tan sencillo, no es una actividad fácil. Tenemos la responsabilidad que el 70 por ciento de la cosecha pasa por manos nuestras, y tener un reconocimiento por todo eso realmente es importante, te alienta a seguir en lo que uno está haciendo”, dijo. “La empresa la inició mi padre y yo la sigo desde hace 30 años. Estamos con los lógicos recambios generacionales; tengo un hijo de 24 años que ya está en esto, y la idea siempre pasa por ahí”.

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