“Reinas Mecánicas II”, la obra de José María Barrale que desempolva al “país que quedó en el camino”

“Reinas Mecánicas II”, la obra de José María Barrale que desempolva al “país que quedó en el camino”

El historiador y coleccionista escribió tres libros que narran la historia de las principales fábricas dedicadas al desarrollo de cosechadoras en Argentina. En su último trabajo, “Reinas Mecánicas II”, hace foco en 50 empresas del rubro, de las cuales sólo una queda en pie. 

El hombre de la foto es José María Barrale. Está pisando la sexta década de vida y tiene una pasión poco común: historiar y coleccionar toda la información posible sobre maquinaria agrícola. Además, se encarga de recuperar y restaurar equipos que luego dona para que recobren la gloria perdida en algún museo. Así, entre folletos, entrevistas y recorridas por muestras y fábricas, logró escribir tres libros: “Reinas Mecánicas”, “Reyes del Surco” y “Reinas Mecánicas II”.

Nacido en Colonia Castelar, provincia de Santa Fe, en la actualidad vive a sólo 33,3 km., en la ciudad de San Francisco, Córdoba, donde desarrolla tareas de venta de maquinaria agrícola. Es poseedor de 12 cosechadoras de distinta antigüedad, dos restauradas, y todas donadas al Museo de Maquinaria Agrícola Antigua de María Grande, en la provincia de Entre Ríos. “Siento un gran bienestar interior por haber salvado a tanta máquina del acopio de chatarra”, señala orgulloso Barrale.

Expoagro (E): ¿Cuántos libros tiene escritos? 

José María Barrale (JMB): Tengo tres libros escritos y publicados. El primero, “Reinas Mecánicas”, contiene la historia de 30 fabricantes de cosechadoras en Argentina, para lo cual entrevisté fabricante por fabricante. Lo empecé en 2003 y lo edité en 2007, con el auspicio de Claas Argentina. El segundo es “Reyes del Surco” y lo comencé en 2009 y lo presenté en 2013. En este libro escribo sobre el maíz, que es un cultivo americano, cómo se desarrollaron las primeras plataformas en Argentina, quiénes fueron los pioneros y el inventor del aparato maicero, que en el país fuimos pioneros y después lo copiaron otros países. Este trabajo lo auspició Mainero, Franco Fabril, Allochis, Maizco y Ombú, y lo presenté en Europa. El tercero es “Reinas Mecánicas II”, donde, gracias a la información que me fue acercando la gente, pude descubrir que en Argentina hubieron más de 50 fábricas que desarrollaron, hicieron prototipos y fabricaron cosechadoras. 

E: ¿Con qué sorpresas se encontró durante el avance de la investigación?

JMB: Descubrí la existencia de nuevas fábricas, como Dalmasso y Bailone en María Juana (Santa Fe), que fabricó unas 20 máquinas; Contardi en Zenón Pereira (Santa Fe); José Fric de Pigüé (Buenos Aires), que fabricó la primera cosechadora en el año 1917, y para quien elaboré un escrito para que se lo reconozca y se ponga su nombre al Parque Industrial de Pigüé, por ser el inventor de la cosechadora autopropulsada número uno del mundo.

E: ¿Cómo nació su relación con el campo?

JMB: Yo soy nacido y criado en el campo. Tengo olor a tierra, a alfalfa, a granos. Sé distinguir perfectamente el aroma de todos los cereales. Este año cumplo 60 y ya de pibe, a los 5 o 6 años iba arriba de la cosechadora de la familia, que era una Forzani 1960. Recuerdo que salía de la escuela a caballo y me iba donde estaba cosechando mi viejo, con mi tío. Tuve una niñez maravillosa con mucha gente que trabajó en nuestro campo, en el que había tres tambos, se hacía cría y agricultura. Yo me crié en el medio de flotillas de tamberos, de troperos y de tractoristas, y mi diversión era jugar a trabajar la tierra. 

E: ¿Cuántas entrevistas tuvo que realizar para darle cuerpo al libro?

JMB: En esto hay mucho amor y pasión por la maquinaria agrícola. Para mis libros entrevisté a 50 fabricantes y todos fueron muy atentos. Yo sentí que había que rendir un homenaje a estos propulsores de las cosechadoras en Argentina, que tanto hicieron por nuestro país y que quedaron todos sepultados en el olvido. Hoy sería imposible escribir estos libros, porque cuando entrevisté a todos estos fabricantes ya eran personas grandes en edad. Esta gente me confió su vida a través de sus relatos y muchos se ponían a llorar desconsolados porque habían tenido una época de gloria, con un final no deseado. Hubo fábricas que llegaron a tener 400 o 500 empleados, que fabricaron hasta 10 mil máquinas, y al final de sus días estaban viviendo en una casa alquilada o con los familiares, y con una triste jubilación.

E: En este último libro se hace especial hincapié en el detalle de los nombres de los trabajadores y propietarios de cada fábrica. ¿Por qué?

JMB: Porque es un homenaje a los fabricantes, a sus familiares y sobre todo a los trabajadores. Por lo que pude palpar, los trabajadores amaban a la fábrica, todos los que entrevisté me hablaron de su pasión por la empresa, llevaban la camiseta de la marca y les daba alegría contar su historia, que era la de la fábrica. 

E: ¿En qué período estuvieron en funcionamiento estas empresas y qué nivel de producción y empleados tuvieron las más importantes?

JMB: Estas industrias comenzaron fuertemente en el año 1920, cuando se constituye la primera fábrica de cosechadoras de arrastre de Sudamérica, que fue Senor, que llegó a contar con 800 empleados y una red de agentes por todo el país. Vendían en Brasil, Uruguay, Paraguay, y casi llegan a exportar a Europa. También estaba Vassalli, que nació en 1947 o 1948. Vos llevabas la cosechadora tirada por caballos y salías con un motor puesto. Senor fabricó más de 15 mil cosechadoras y un número similar construyó Vassalli. El auge fue desde 1920 a 1925 hasta 1990, que cayó la mayoría. A mi entender, el problema fue que no se aggiornaron a la tecnología que se venía. Por ejemplo, en Alemania había una empresa que fabricaba 25 cosechadoras por día. En 1978-1980, cuando empezaron a ingresar las grandes máquinas del exterior, empezó el ocaso de las fábricas nacionales.

E: En algún momento, ¿el país llegó a ser referente mundial de la ingeniería agrónoma y mecánica?

JMB: Efectivamente, porque aquí se desarrolló la primera cosechadora automotriz del mundo y en Venado Tuerto se fabricó el primer maicero del mundo, que después fue copiado por otros países. Ese equipo se desarrolló y probó en Venado Tuerto, y lo fabricó García. Además, en un principio, todas las máquinas venían con plataforma lateral y Miguel Druetta la puso al frente, y en 1932 largó una máquina autopropulsada con plataforma al frente y corte de 19 pies, que se llamó ‘La Legendaria Druetta’. Gente de todo el mundo llegó a Argentina para copiar esa máquina.

E: ¿Existe algún hilo conductor entre estas 50 fábricas de cosechadoras? ¿Qué los motivaba a invertir y confiar en estos desarrollos y que los llevó a prácticamente extinguirse?

JMB: Este fue el país que perdimos, el país que quedó en el camino, porque había tantas fábricas, tanta gente, tanto empleado que movía a los pueblos, que generaban caminos de comunicación. Era una Argentina efervescente, en la que estaba todo por hacerse, y en cada pueblo había una fábrica, la mayoría en la provincia de Santa Fe, Córdoba y algunas en Buenos Aires. Fue una época de gloria con un final no deseado.

A través de 600 páginas y 500 fotos antiguas en “Reinas Mecánicas II”, el historiador y coleccionista cuenta que Argentina logró desarrollar más de 250 modelos de cosechadoras, pero más allá del ingenio y la pasión de los fabricantes, pone por delante “el amor que los empleados sentían por las fábricas”, por eso en la publicación está incluida la nómina de trabajadores de algunas de las empresas compiladas: “Son los principales merecedores de este homenaje, porque hicieron grande a nuestra patria chica”, remarcó Barrale.

José María Barrale expondrá sobre sus “Reinas Mecánicas” el jueves 12 de marzo en el marco de la Expoagro 2026, que se desarrollará del martes 10 al viernes 13 de marzo en el Predio Ferial y Autódromo de San Nicolás.

Por Pablo Salinas

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