Agricultura Regenerativa
26/02/26
Afinar la cosecha en tiempos de estrés térmico e hídrico
Olas de calor y magras precipitaciones impactaron en distintas zonas productivas del país, comprometiendo entre un 10 y 40% el rendimiento potencial de los principales cultivos estivales. A fin de reducir aún más las pérdidas de granos, la tarea de cosecha y la regulación de la maquinaria es clave. Por Aapresid.
Estrés termo hídrico en cultivos estivales y su impacto en el rendimiento
Las olas de calor se vienen sucediendo cada vez con más frecuencia en diferentes regiones del país. Este escenario recurrente viene generando preocupación en el agro, dado que las temperaturas por encima de lo normal ocasionan distintos niveles de estrés en las plantas, lo cual repercute negativamente en la productividad de los cultivos y la calidad de los granos cosechados.
En términos generales, podemos hablar de estrés térmico (ET) cuando la temperatura del aire supera un umbral o valor óptimo para el desarrollo de un cultivo. Dependiendo de la duración, intensidad y momento del ciclo en que ocurre el ET, estos eventos pueden provocar alteraciones fisiológicas en las plantas, produciendo menor crecimiento, desarrollo y consecuentes mermas en el rendimiento.
En el caso del maíz, el ET sucede con temperaturas mayores a 33°C y el mayor efecto se observa cuando ocurre alrededor de la floración, dado que afecta la polinización, fijación de granos e impacta en el peso, composición química y calidad industrial de los mismos. Es importante caracterizar correctamente el ET, dado que temperaturas moderadamente altas durante todo el llenado de granos (25 a 32ºC) o breves períodos (3-5 días) de muy altas temperaturas (33 a 40ºC) pueden tener efectos muy diferentes en la productividad y calidad de los granos.
Un estudio realizado en INTA San Luis revela que los golpes de calor reducen hasta un 48% el tamaño de los granos de maíz. En soja, puede causar la caída prematura de flores y vainas, reduciendo significativamente el rendimiento.
Condiciones combinadas de déficit hídrico, baja humedad relativa y días excesivamente calurosos complican aún más la situación, acentuando las alteraciones fisiológicas en las plantas afectadas. Se desencadena el cierre estomático, provocando una caída en la tasa de fotosíntesis por quemado foliar. También se incrementan las pérdidas de agua por transpiración, se afecta la absorción de nutrientes, el crecimiento de las plantas y producción de biomasa. Los daños sobre las estructuras suelen ser más evidentes durante el llenado de granos, ocasionando mermas en el peso potencial de los mismos por menor disponibilidad de fotoasimilados, mayor senescencia foliar y madurez fisiológica anticipada.
La situación de maíz y soja 2025/26 es promisoria
Según el informe del 5 de febrero emitido por la Guía Estratégica para el Agro (GEA- Bolsa de Comercio de Rosario), el estrés termo hídrico afectó gran parte de la zona núcleo comprometiendo el rendimiento potencial de los principales cultivos estivales.
En maíz de primera, esta adversidad impactó en el llenado de granos e incluso sobre el periodo crítico; además, el desecamiento abrupto anticipa la cosecha a mediados de febrero, unos 15 días antes de lo habitual para la región. Por su parte, los maíces tardíos y de segunda están en jaque por la falta de agua.
Respecto a soja de primera, en los sitios donde llovió las expectativas son un poco más alicientes para recuperar al cultivo. No obstante, las zonas que quedaron excluidas de las precipitaciones siguen esperando el agua para detener el daño. En soja de segunda, las áreas más afectadas menguaron un 30% del potencial y hay lotes que pueden perderse si no llueve.
Regular la cosechadora cobra aún más relevancia cuando los rendimientos están por debajo de lo normal
Tal como se mencionó anteriormente, el estrés térmico e hídrico pueden acelerar el ciclo de los cultivos, reducir el número y el peso de los granos. Estos aspectos no deben pasarse por alto a la hora de planificar la cosecha, ya que determinarán las regulaciones específicas a realizar en la cosechadora y el momento oportuno para entrar a trillar según las condiciones del cultivo.
A fin de maximizar la eficiencia en el proceso de cosecha y minimizar aún más las pérdidas en maíz y soja, se recomienda lo siguiente:
Regulación del cabezal: En el caso de maíz, existen ensayos y determinaciones a campo que demuestran que, al menos, el 70 % de las pérdidas en la cosecha de la gramínea se dan en el cabezal de la cosechadora, el resto se debe a la trilla propiamente dicha, la separación y limpieza. Por lo tanto, regular y calibrar correctamente el cabezal maicero es clave para no perder eficiencia, como así también, otros componentes de la cosechadora. Esto cobra aún más relevancia cuando los rendimientos están por debajo de lo normal.
En campañas cuando el tamaño de las espigas de maíz es menor al promedio o su diámetro se asemeja al tallo, ocurre que la mazorca no es arrancada por las placas y cae directamente a los rolos del cabezal, la desgrana y provoca elevadas pérdidas. Por lo tanto, la renovación y mantenimiento de las placas espigadoras y los rolos será fundamental para disminuir estas pérdidas. El maquinista debe regular las placas espigadoras mediante los actuadores hidráulicos o eléctricos, a mayor diámetro de la espiga, mayor separación de las placas espigadoras y viceversa. Para ello, pueden considerarse dos criterios: contemplar una situación promedio o cosechar por ambientes dividiendo el lote según distintos grados de afectación (los cultivos pueden presentar condiciones más críticas en una loma en comparación a un bajo, por ejemplo).
Regulación en la cosechadora: En máquinas con sistema de trilla tradicional, compuesto de cilindro de barras y cóncavo, INTA recomienda cubrir o forrar el espacio entre las barras del cilindro de trilla para reducir pérdidas por cola y menor cantidad de pedazos de marlo. Esta configuración permite que las espigas, luego de ingresar entre el cilindro y el cóncavo, continúen rolando y vayan siendo trilladas a medida que avanzan por el sistema de trilla. Es aún de mayor importancia para cosechas con espigas de tamaño desuniforme. Para regular la separación cilindro-cóncavo, es conveniente seleccionar la espiga de tamaño promedio y colocarla a la entrada del conjunto de trilla, estableciendo la separación igual al diámetro de la espiga sin trillar. En una segunda instancia se aconseja ajustar las revoluciones por minuto (rpm) del cilindro en función del nivel de grano partido en la tolva y de granos adheridos a los malos que salen por la cola de la cosechadora.
En soja:
Ajustar la velocidad de la cosechadora a un ritmo que permita una buena separación de los granos sin dañarlos. Una velocidad adecuada suele estar entre 4-6 km/h.
Ajustar la altura de corte para dejar un tallo residual de unos 5-10 cm. Esto ayuda a reducir la cantidad de material extraño en la cosecha.
Ajustar el molinete para que esté ligeramente inclinado hacia adelante y a una velocidad adecuada para guiar las plantas hacia la plataforma de corte.
Ajustar la velocidad del cilindro para que se adecúe a las características del cultivo de soja presente en el lote y las condiciones de humedad. Una velocidad más lenta puede ayudar a reducir el daño a los granos.
Separación y Limpieza. Ajusta las rejillas de separación y los sistemas de limpieza para eliminar el material extraño y mejorar la calidad del grano.
Es importante marcar que cada lote es diferente, por lo tanto, habrá que realizar ajustes específicos
según las condiciones de cada cultivo. Una vez que arrancó la cosecha, el monitoreo de pérdidas de grano detrás de la cosechadora es fundamental para ajustar los parámetros según sea necesario.
Por Aapresid.
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