Edgardo Mengascini reabrió un frigorífico de cerdos a finales de los 90’ y ahora pilotea “La Nobleza”, en un nuevo contexto de complejidad

Edgardo Mengascini reabrió un frigorífico de cerdos a finales de los 90’ y ahora pilotea “La Nobleza”, en un nuevo contexto de complejidad

La empresa está ubicada en Correa, en el sur santafesino, y actualmente faena entre 2700 y 3500 cabezas por semana. Diferencias y similitudes entre dos crisis y un mismo mercado.

A finales de la década de 1990 la economía argentina entró en uno de sus más complejos ciclos económicos. El agotamiento del modelo de Convertibilidad generó un alto endeudamiento, atraso cambiario, recesión desde 1998, aumento del desempleo y una creciente vulnerabilidad a shocks externos. 

En ese marco, Edgardo Mengascini, decidió en 1999, con tan solo 21 años de edad, reabrir un frigorífico dedicado a la faena de cerdos en Correa, en el sur santafesino, a 58 kilómetros de Rosario.

El establecimiento, La Nobleza SRL, había tenido sus momentos de gloria entre 1963 y 1993, hasta que tuvo que bajar la persiana. El frigorífico está ubicado sobre la ruta 9, kilómetro 363, en Correa, y en la actualidad faena entre 2700 y 3500 cerdos semanales, único tipo de carne al que se dedican en la firma.

“Mi familia tiene un pedazo de campo en Palacios (en el centro de la provincia de Santa Fe). Lo empezó mi abuelo Juan, que vino de Italia, y siempre tuvimos tambo, gallinas, quinta, y fuimos criadores de cerdos. Yo trabajé con mis padres en el campo hasta los 11 años, después me fui a estudiar y cuando terminé volví”, detalló su trayectoria rural Edgardo.

Es un lugar común pensar que las nuevas generaciones tienen la responsabilidad de resolver lo que está mal hecho o mejorar lo que tiene buen funcionamiento. En este caso esa apuesta a la juventud dio sus resultados: “A los 21 años, cuando volví al campo, vi que cuando no estuvieran mis abuelos la tierra se iba a dividir entre cinco hermanos, dos que formaban una sociedad familiar y vivían en el campo, y tres mujeres que ya no vivían ahí, pero que también iban a querer su parte. Como teníamos el criadero y una cosechadora, empecé a buscar una salida para convertir el cereal en carne, y a la par comencé a trabajar el tema de la faena, que en un principio la hacíamos directamente en el campo”.

Así surgió la posibilidad de invertir en la planta frigorífica ubicada en Correa, con habilitación municipal, que estaba cerrada desde 1993: “Al frigorífico lo compré en 1999 y la habilitación provincial llegó en 2000 y así empezamos con una faena de 30 o 40 cerdos por semana. En esos tiempos yo era una especie de comodín, bajaba los animales, hacía los papeles, dormía en el frigorífico, recibía los cerdos. En ese momento era multifacético”, cuenta entre risas, y agrega que después llegó la etapa de crecimiento con la instalación del despostadero y la fábrica de embutidos “Santa Lidia SRL”.

En el momento de mayor auge del frigorífico, junto a su firma asociada Santa Lidia SRL, llegaron a tener 120 empleados, se despostaban entre 400 y 500 cerdos por semana, contaban con cinco camiones en la calle y repositores en supermercados, hasta que “en 2018, por una cuestión personal y de salud, decidí cerrar la fábrica de embutidos y desposte, y seguir con el tema de la faena solamente”. 

Presente complejo

En un contexto económico complicado como el actual, “La Nobleza” se mantiene en su rumbo y cuenta con 30 empleados directos, más una decena de puestos en la tripería que está alquilada y la tarea de fleteros y servicios adicionales para la empresa.

“Es una situación muy similar la que estamos viviendo hoy por la carne que está entrando de Brasil y Chile, sólo que a diferencia de finales de los ’90 hoy tenemos una institución que rige el precio que es Pormag, y con eso tenemos una referencia”, explicó Mengascini.

El mercado interno también ha sufrido grandes variables en los últimos años, con una nueva distribución de los gustos de los argentinos en cuanto a proteína animal y un aumento del consumo de carne de pollo y cerdo, en detrimento de los cortes vacunos.

Una de las diferencias más notorias entre la reapertura de “La Nobleza” y éste presente, pasa por la calidad del producto: “El cerdo que estamos trabajando hoy no tiene nada que ver con el de aquellos años. El actual es mucho mejor, más magro, con el que podemos competir con cualquier producto que está entrando de afuera, aunque el precio es una limitante en un mundo que se rige por la oferta y la demanda”.

Una de las patas flojas del sistema argentino está centrado en la producción; “los productores chicos, de pocas madres, están cerrando y quedan los grandes, que manejan otros números de convertibilidad de alimento en kilos de carne, y de nacidos vivos”, reconoció Mengascini.

En la actualidad, en el frigorífico de Correa atienden a unos 40 productores de la zona y de todo el país, con clientes de Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, Santa Fe y Buenos Aires.

“Hoy en Argentina el consumo de cerdo está creciendo muchísimo por la exportación de vacunos, pero la realidad es que si el productor no es eficiente y produce a gran escala, es antieconómico”, razonó el empresario.

Por Pablo Salinas

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