Argentina lidera la producción de girasol con certificación sustentable
Según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, nuestro país se ubica entre los principales productores mundiales de girasol, con una superficie sembrada que supera los 1,5 millones de hectáreas en campañas recientes. A la vez que alcanzó un hito histórico al convertirse en el primer país de Latinoamérica con 100% de certificación de agricultura regenerativa en el aceite utilizado por PepsiCo.
En la actualidad, el cultivo de girasol no sólo representa una alternativa clave para la rotación agrícola, sino que también impulsa el desarrollo de economías regionales en provincias como Buenos Aires, La Pampa, Chaco y Santa Fe.
No obstante, vale destacar que el notorio crecimiento productivo, es acompañado por mejoras en la cadena de valor del producto industrializado, mediante implementación de trazabilidad y control. Lo que garantiza que cada lote cumpla con los parámetros de calidad exigidos tanto en el mercado interno como en la exportación.

Sobre el tema, Santiago Desmery, gerente regional de aceites LATAM de PepsiCo, destacó a Expoagro que la compañía ha reforzado su compromiso con la sustentabilidad mediante el trabajo que realiza en Argentina: “El 100% del aceite de girasol que utilizamos cuenta con certificación de abastecimiento sustentable, lo que garantiza el cumplimiento de estándares agronómicos, ambientales y de calidad”, afirma.
Desmery explica que cada lote pasa por controles técnicos y análisis específicos que aseguran la consistencia del producto, manteniendo el sabor y la textura que esperan los consumidores. Además subraya la importancia de construir cadenas de valor junto a productores y organizaciones locales como productores de La Pampa y Pelayo Agronomía. Según indica: “Trabajar con actores regionales permite acompañar a los productores en la implementación de prácticas regenerativas, incorporar innovación agronómica y adaptar las soluciones a cada territorio. Este enfoque colaborativo fortalece el desarrollo de comunidades agrícolas y permite escalar modelos de producción más sostenibles.”
A cerca del método implementado, indica que la compañía observa beneficios ambientales y productivos en la puesta en funcionamiento de protocolos regenerativos que mejoran la salud del suelo, promueven la biodiversidad y optimizan el uso de agua y nutrientes. Además, fortalecen la resiliencia frente a eventos climáticos.
Para Desmery, la certificación y la medición de impacto son indispensables: “La sustentabilidad necesita evidencia. Los sistemas de certificación y medición permiten validar que las prácticas implementadas realmente generan impacto positivo en el campo”. Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica en alcanzar el 100% de certificación de agricultura regenerativa en el aceite de girasol utilizado por PepsiCo.

¿Qué es la estrategia PepsiCo Positive (pep+)?
“Se trata de nuestra estrategia global de transformación del sistema alimentario. En Argentina se traduce en iniciativas concretas en agricultura regenerativa, eficiencia en el uso de recursos, digitalización agrícola y desarrollo de cadenas de suministro más sustentables”, explica el referente.
Cada año la compañía adquiere más de 55.000 toneladas de papa, 5.000 de avena y 4.000 de maíz, lo que refuerza la necesidad de avanzar hacia modelos productivos más sostenibles.
Por último, Desmery indicó que la demanda de ingredientes producidos de manera responsable seguirá creciendo: “Los consumidores hoy buscan mayor transparencia sobre el origen de los alimentos y el impacto ambiental de lo que consumen. Los aceites con certificación sustentable y prácticas regenerativas van a ganar cada vez más relevancia en la industria alimentaria”, concluye.
De este modo, el girasol argentino no solo aporta volumen y calidad al mercado interno y externo, sino que también se posiciona como un cultivo estratégico en la transición hacia modelos agrícolas más sostenibles. La combinación de alta producción, trazabilidad y certificación regenerativa fortalece la competitividad del país y responde a la creciente demanda global de alimentos responsables.
Por Marizú Olivera Orquera
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