Silvia Mossman: La mujer que hizo del malambo su destino
Desde Santa Rosa, La Pampa, Silvia “Pity” Mossman se convirtió en una de las principales referentes del malambo femenino, una expresión artística históricamente vinculada a los hombres. Campeona provincial y reconocida por su trayectoria en escenarios nacionales, la bailarina lleva al zapateo sureño una identidad profundamente ligada a la historia, la cultura y el paisaje pampeano.
El sonido del zapateo retumba con fuerza sobre el escenario y es allí donde Silvia “Pity” Mossman encontró su lugar dentro del malambo, la danza tradicional argentina por excelencia. Nacida en Santa Rosa, La Pampa, y con una destacada trayectoria en competencias folclóricas, la bailarina logró abrirse camino en una disciplina que durante décadas estuvo reservada a los varones. Recientemente consagrada campeona provincial de malambo femenino, Mossman lleva consigo el espíritu del malambo sureño y una historia marcada por la perseverancia, la pasión y el compromiso con las raíces culturales de su provincia.

Expoagro (E.): ¿Qué significó para vos convertirte en campeona provincial de malambo femenino en una edición con una convocatoria histórica para La Pampa?
Silvia Mossman (S.M.): Fue muy importante y debido a la gran convocatoria, la competencia se hace cada vez más compleja: a nivel físico y mental. Fui antes cinco veces campeona provincial, pero sin lugar a duda el último año tuvo eso de especial y haber ganado significó para mí darme cuenta de que estoy a un paso de conseguir destacarme, después de seis años de actividad, en el Campeonato Nacional de Malambo Femenino.
Este nuevo logro me incentivó a seguir trabajando, porque el público ya espera no solo el malambo, también el vestuario, la música. Coronarme como subcampeona nacional no dejó de ser un gran logro ya que fueron alrededor 47 mujeres las que participaron en el rubro.
E: En varias oportunidades hablaste de cómo el malambo despertó en vos una conexión profunda con el suelo pampeano. ¿Cómo describirías ese vínculo entre la danza y tu identidad?
S.M: No tuve referentes en la danza, lo que significó que iniciara un largo camino de búsqueda, pero siempre lo que me identificó fue el suelo pampeano. Nuestra llanura, la fuerza del Caldén, nuestros paisajes. Siempre busco reflejar y sentirlo, el malambo significa estar en contacto con el suelo y mi suelo es el pampeano, por eso siempre ensayo descalza. Existen muchos lugares lindos que he visitado, ahí probamos, repasamos coreografía y después llevo a donde voy esa impronta pampeana a escena de la cual me siento orgullosa.
E: El malambo fue durante muchos años una disciplina asociada exclusivamente a los hombres. ¿Cómo viviste el proceso de abrirte camino como mujer dentro de este arte?
S.M: En mi caso no fue difícil y creo que estaba en mi destino ya que mi esposo, Cali Suárez, es malambista y referente de nuestra provincia con el malambo sureño. Antes, en las competencias, no entraba en la cabeza de muchas personas que una mujer compitiera, pero siempre me fascinó y se dio.
Cuando inicia el Campeonato Nacional de Malambo, Cali, mi compañero de vida, debía preparar a una chica y para él también fue algo nuevo. Bueno, así comenzó algo como jugando. Probamos y desde ese día, desde ese momento, yo no dejé de hacer malambo. Fue un amor a primera vista con la danza, una pasión que agradezco hasta el día de hoy.
E: ¿Qué lugar ocupa hoy el malambo femenino dentro de la cultura folklórica argentina y qué desafíos creés que todavía quedan por superar?

S.M: Ocupa un lugar único y totalmente indispensable, esto llegó para quedarse y para crecer año a año. Las mujeres hemos demostrado responsabilidad, dedicación, y estudio a la hora de ejecutar el malambo.
Hablo por mí y en nombre de todas, porque año a año veo cómo las representantes bailarinas de malambo de las provincias van superándose. Diría que es un espacio donde podemos mostrarnos en plenitud y ser vistas. También, entiendo que esto parte del crecimiento de la actividad con referentes mujeres, ya que contamos con un Campeonato Nacional de Malambo Femenino, donde tenemos un lugar para exponer nuestro arte. Por otro lado está también el Precosquín, que incluyó el rubro solista de malambo femenino. Yo tuve la oportunidad de ser finalista allí y el público aplaude y vive nuestro malambo femenino.
Como reflexión final, Silvia Mossman destaca que el crecimiento del malambo femenino no implica una competencia con los hombres, sino una construcción conjunta basada en el aprendizaje, el respeto y la pasión compartida por esta expresión cultural. Agradecida por el acompañamiento de maestros, colegas y de su compañero de vida, asegura que cada logro es el resultado de un trabajo colectivo y del apoyo incondicional de su familia.
Para la bailarina pampeana, el malambo también es una escuela de valores que enseña esfuerzo, constancia y perseverancia, principios que busca transmitir a sus hijos y a las nuevas generaciones. “Siempre hay que mantener la humildad y la pasión por lo que uno ama”, resume, convencida de que los sueños se alcanzan con dedicación, aun frente a las dificultades.
Por Marizú Olivera Orquera
En caso de replicar este contenido en su totalidad o parcialmente, por favor citar como fuente a www.expoagro.com.ar en el primer párrafo y al final de la nota.
Compartir