Agricultura
24/07/26
Diseño agronómico: El agua más cara no es la que se bombea, sino la que nunca se llegó a aplicar
«En un proyecto de riego, la inversión no debería evaluarse solamente por cuánto cuesta instalar el sistema, sino por su capacidad para sostener el potencial productivo durante toda su vida útil. Un proyecto mal dimensionado agronómicamente, puede parecer más económico al inicio, pero termina encareciéndose, a través de toneladas de grano que nunca llegan a cosecharse.»
Es una situación más frecuente de lo que parece. Después de algunos años de funcionamiento comienzan a escucharse frases como: «el riego no alcanza», «el sistema trabaja bien pero el cultivo igual entra en estrés» o «con estas condiciones de clima el sistema quedó chico».
La reacción natural suele ser cuestionar la calidad del sistema, la empresa que lo instaló o la capacidad de la perforación. Sin embargo, en muchos casos el equipo funciona exactamente como fue diseñado. El verdadero problema comenzó mucho antes, cuando se definieron los criterios del proyecto.
Existe una diferencia importante entre un sistema correctamente construido y un sistema correctamente dimensionado desde el punto de vista agronómico. Una instalación puede cumplir perfectamente con los caudales, presiones y uniformidad previstos por la ingeniería, pero no tener la capacidad necesaria para abastecer la demanda máxima de agua que requiere el sistema productivo.
Ese es el origen de muchas decepciones. El equipo funciona correctamente, pero el proyecto fue concebido con estimaciones demasiado ajustadas.

Usualmente los diseños se realizan utilizando valores promedios de evapotranspiración y lluvias, sin embargo, las mayores pérdidas de rendimientos no se dan en los años promedio (que cada vez tienen menos frecuencia), sino en años secos, donde la capacidad del sistema resulta insuficiente y el déficit comienza a acumularse.
A veces la diferencia es de apenas uno o dos milímetros diarios, un valor que parece insignificante. Sin embargo, después de varias semanas el cultivo puede haber dejado de recibir entre 40 y 50 milímetros de agua en el momento de mayor demanda. En muchos casos se da también porque no se monitorea la humedad del suelo a través de un balance hídrico, tema de gran importancia que tratamos hace poco en el artículo La importancia del balance hídrico para decidir el riego con información y no por intuición.
Y allí aparece una pregunta que pocas veces se formula: ¿Cuánto cuesta un milímetro que el sistema nunca llegó a aplicar?
La respuesta no debe buscarse en el costo de la energía ni en las horas de bombeo del equipo. Debe buscarse en la producción que ese milímetro dejó de generar.
Diversos trabajos muestran que, en condiciones hídricas normales, los cultivos por cada milímetro de agua que consumen pueden transformar en aproximadamente:
- 7 kg de soja ó 10 kg de trigo ó 22 kg de maíz por hectárea.
Si un sistema deja de aplicar 50 mm durante el ciclo del cultivo, las pérdidas potenciales serían del orden de:
Soja 7 kg/mm 350 kg/ha
Trigo 10 kg/mm 500 kg/ha
Maíz 22 kg/mm 1.100 kg/ha
Para continuar el ejemplo si consideramos que el establecimiento riega 100 hectáreas, ese mismo déficit representa:
- 35 toneladas de soja.
- 50 toneladas de trigo.
- 110 toneladas de maíz.
Si valorizamos esas pérdidas con precios de referencia del 22/7/26 (por ejemplo: soja US$ 340/t, trigo US$ 204/t y maíz US$ 187/t) el resultado es el siguiente:

Estas cifras corresponden a una sola campaña.
Si el sistema permanece en funcionamiento durante 15 años, y suponiendo que el déficit ocurra con una frecuencia similar, el costo acumulado del agua que nunca pudo aplicarse alcanza una magnitud difícil de imaginar:

Naturalmente, los valores variarán según el cultivo, los precios y la intensidad del déficit hídrico. Sin embargo, el concepto permanece inalterable: un pequeño ahorro en la etapa de diseño puede transformarse en cientos de miles de dólares de producción perdida durante la vida útil del proyecto.
Por eso, un sistema de riego no debería evaluarse únicamente por el costo de construcción. La verdadera pregunta es cuánto valor será capaz de generar durante los próximos quince o veinte años.
En definitiva, el equipo de riego no produce por sí solo. Lo que produce es la capacidad del proyecto para entregar el agua que el cultivo necesita, en la cantidad adecuada y en el momento oportuno.
Porque, al final, los errores de diseño no se pagan el día que se instala el sistema. Se pagan en cada cosecha.
Y quizá esa sea la principal enseñanza: el agua más cara no es la que se bombea, sino la que el proyecto nunca fue capaz de aplicar.
Fuente REGANTES
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