Amanda, la historia de una yerba argentina que nació con genes polacos

Amanda, la historia de una yerba argentina que nació con genes polacos

Desde la Capital Nacional de la Yerba Mate, la tercera y cuarta generación de la familia Szychowski mantienen vivo el legado del inmigrante polaco que creó Amanda a principios del siglo XX.

En Apóstoles, la Capital Nacional de la Yerba Mate, una historia se transmite de generación en generación: la de Juan Szychowski, un niño de 11 años que llegó con su familia desde Polonia en el 1900 y, con solo segundo grado de escolaridad, dejó un fuerte legado no solo a sus herederos sino a toda la comunidad de esa localidad en la provincia de Misiones.

Autodidacta y curioso por naturaleza, Juan descubrió un cultivo que hasta ese momento le era totalmente desconocido: la yerba mate. En 1917 plantó sus primeros yerbales y comenzó a trabajar en lo que se convirtió en su gran pasión. Años después nació La Cachuera S.A., hoy conocida por su marca Amanda, la empresa yerbatera más antigua en actividad de Misiones y uno de los principales referentes del sector.

Más de un siglo después de la llegada de la familia Szychowski a la Argentina, la empresa actualmente cuenta con varios miembros de su tercera y cuarta generación en el directorio y desde hace diez años la presidencia está a cargo de Victoria Szychowski, nieta del fundador quien, junto a Aleida Pech, bisnieta y responsable de Comunicación y Marketing, recuerdan la historia de quien sentó las bases de una compañía que sigue creciendo sin perder de vista los valores que le dieron origen.

Tía y sobrina coinciden en que el verdadero patrimonio recibido no es solamente una empresa, sino una forma de entender el trabajo, el compromiso y la innovación.

«Era un hombre que no medía el tiempo por los días sino por el trabajo realizado. Fue un autodidacta«, resume Victoria al describir a su abuelo, a quien no llegó a conocer personalmente, pero cuya figura permanece viva en la memoria familiar y en las obras que dejó en Apóstoles. «Lo conocemos a través de todas las historias transmitidas. Hay mucha historia viviente de lo que hizo, de su trabajo y de su legado«, afirma.

Del arroz a la yerba

Aunque hoy Amanda es sinónimo de yerba mate, los comienzos de la empresa estuvieron ligados al arroz. «El inicio de nuestra empresa fue con el arroz, hoy lo seguimos cultivando y somos muy conocidos en toda la zona del NEA por nuestra variedad de grano Fortuna. Después nuestro producto insignia en todo el país pasó a ser la yerba mate «, señala Victoria.

Al recordar la capacidad de su bisabuelo para transformar las necesidades en soluciones, Aleida recuerda que «todo se creó desde cero y la industria fue creciendo a prueba y error«. En 1930 construyó su propio molino de arroz y de maíz, y una represa para poder generar la energía que necesitaban para funcionar, y también diseñó algunas máquinas como la envasadora de yerba.

Una visión que trasciende fronteras

Durante los primeros años la provincia de Misiones era proveedora de materia prima para las industrias que estaban en Buenos Aires y Rosario. “En Misiones estaban las plantaciones, se hacia el proceso de secado, estacionado, embolsado y se enviaba en bolsas de 50 kilos por barco o tren para que se muela o comercialice en las otras provincias”, explica la nieta del fundador de Amanda. Fue en la década del 40 cuando comienzan a ocuparse de todo el proceso.

La marca Amanda nació oficialmente en 1943, cuando la familia decidió registrar el nombre, elegido en referencia a una actriz de radioteatro de la época, para comercializar la yerba. Con los años, aquella iniciativa evolucionó hasta convertir a la empresa en una de las principales marcas del país y en la mayor exportadora argentina del sector, con presencia en mercados tan diversos como Siria, Chile, España, Japón, China, Italia y Canadá.

Para Victoria, el mayor reconocimiento llega cada vez que encuentra un paquete de Amanda en una góndola del mundo. «Es un orgullo difícil de transmitir. Detrás de cada paquete hay cientos de personas que hicieron posible que esté allí«, afirma y agrega que también le da satisfacción cuando en la zona se habla de Amanda: “Somos una empresa y una marca muy valorada, reconocida, sobre todo por honrar sus compromisos con los proveedores, clientes, con nuestros empleados y con la comunidad”.

Actualmente, entre un 4 y 5% de lo que comercializan se produce en campos propios. Cuentan con tres secaderos en la provincia de Misiones y dos en la de Corrientes, donde compran hoja verde a productores y secan el 50% de lo que venden. A su vez compran yerba canchada y secada a secaderos de terceros. “Hoy el sector no está pasando su mejor momento, toda la cadena productiva está bastante golpeada. Si bien la desregulación influyó, también hay otras variables que perjudicaron como la seca extrema de tres años desde fines de 2020 hasta 2023. Eso provocó un faltante importante de materia prima para elaborar yerba, se produjo un 35% menos de hoja verde por lo que su precio aumentó mucho. Cuando comenzaron las lloviznas, la producción empezó a mejorar y el año 2024 fue cosecha récord por lo que los precios volvieron a bajar”, comparte Victoria sobre el contexto que atraviesa el sector.

Sumar a la comunidad

El legado de Juan Szychowski también es compartido con la comunidad a través del Museo Histórico Juan Szychowski, inaugurado en 1997 con motivo del centenario de la llegada de los inmigrantes polacos y ucranianos a Apóstoles. Declarado Patrimonio Turístico de la Nación, permite conocer la historia de la familia, la vida de los primeros colonos y el desarrollo de la industria yerbatera. Además de recorrer las instalaciones originales, los visitantes pueden descubrir cómo evolucionó el proceso de producción de la yerba mate y comprender el papel que tuvo Juan Szychowski en el crecimiento de la región.

El compromiso con la comunidad también forma parte del ADN de la empresa. En 1989 nació la Fundación Bronislada Kruchowski de Szychowski, creada en homenaje a la esposa y compañera de vida del fundador. Impulsa proyectos vinculados con la educación, la salud, la cultura y el deporte, con la convicción de que el desarrollo de la comunidad es inseparable del crecimiento de la empresa. Entre sus primeras acciones se destacó la construcción de una escuela para niños con discapacidad, a la que luego se sumaron becas estudiantiles, programas de apoyo escolar y un centro de día para niños cuyas familias trabajan. «Siempre apostamos a la educación. Entendemos que es la herramienta por la cual puede evolucionar y crecer la comunidad«, destaca Victoria.

Un legado que crece

Para la familia Szychowski, el verdadero patrimonio no está solamente en la marca, sino en los valores que la sostienen. «El legado es honrar el pasado, pero comprometidos con el futuro. Uno recibe el trabajo de toda la vida de nuestros antepasados y tiene que cuidarlo, hacerlo con los mismos valores y sumarle nuevas herramientas para que perdure en el tiempo«, reflexiona Aleida. Victoria coincide y sostiene que el mayor aprendizaje recibido, también de la mano de su padre Juan Alfredo “Pancho” Szychowski, no fue el de dirigir una empresa sino el de trabajar junto a las personas: «El ejemplo que tuvimos no es el del dueño que hereda y manda, sino el del que también está y trabaja. Lo que vale es el equipo«. Esa filosofía permitió que la empresa atravesara cuatro generaciones en un país donde la continuidad de las compañías familiares suele ser uno de los mayores desafíos.

Hoy Amanda mantiene ese espíritu de largo plazo combinando tradición e innovación. «Yo siempre digo que donde sea que estén mi abuelo y mi padre, estarán orgullosos del camino hecho y pueden estar tranquilos porque continuamos con su legado«, concluye la bisnieta.

Por Paola Papaleo

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