El «conductor del sabor»: KIRA INTA, el arroz argentino que conquista los mercados premium del mundo

El «conductor del sabor»: KIRA INTA, el arroz argentino que conquista los mercados premium del mundo

La variedad KIRA INTA, un grano largo-ancho desarrollado por científicos nacionales, transforma la cocina de alta gama y cotiza en el exterior hasta tres veces más que el arroz tradicional. Los principales destinos internacionales son Turquía, Medio Oriente, Brasil, Chile, Colombia y España.

El aroma de un guiso humeante o la cremosidad de un arroz con leche de campo evocan, de inmediato, la cocina afectiva. Detrás de esa textura perfecta que retiene cada especia y cada jugo culinario, existe hoy un logro de la ciencia argentina. Se llama KIRA INTA, una variedad de arroz tipo largo-ancho que nació en la arrocera y en los laboratorios de mejoramiento genético del INTA Concepción del Uruguay (Entre Ríos) y que se convirtió en el «conductor del sabor» predilecto de la alta cocina.

Este grano, que compite en las ligas mayores de la gastronomía global, es el resultado directo de cruces estratégicos orientados a un triple propósito: productividad en el campo, rendimiento en el molino y excelencia en el plato.

Diseño pensado para la olla 

A diferencia de las variedades convencionales de grano largo-fino, que priorizan quedar completamente sueltas tras la cocción, KIRA INTA posee una arquitectura culinaria única. 

Los científicos del INTA la dotaron de un bajo tenor de amilosa y temperaturas de gelatinización intermedias. En la cocina, esto se traduce en una textura sumamente suave y en una capacidad de absorción sin precedentes.

José Colazo, especialista en mejoramiento genético de arroz del organismo, describió la magia que ocurre cuando el grano entra en contacto con el fuego: «Es una variedad que ha sido diseñada con un tenor de amilosa bajo y temperaturas de gelatinizaciones del almidón intermedio, que hace a sus propiedades culinarias y que le otorga una cocción con granos con una textura suave y con la absorción de salsas y jugos, lo que convierte a este tipo de grano en un producto para conducir los sabores en guisos o, por ejemplo, arroz con leche».

El investigador agregó que su apariencia es otro factor clave: “Un grano voluminoso, pesado y con una traslucidez impecable, lo que le otorga una homogeneidad estética muy buscada por los consumidores más exigentes”.

A la hora de describir la génesis de KIRA INTA, registrada oficialmente en el año 2019, explicó que respondió a una necesidad crítica de los productores en el lote. Históricamente, las variedades de grano pesado sufrían las inclemencias climáticas. Al ser plantas altas, las tormentas solían provocar el vuelco (o encamado) de las estructuras, ocasionando pérdidas masivas de grano.

La respuesta de la ciencia local combinó cruzamientos dirigidos entre parentales sobresalientes. «El mejoramiento que nosotros realizamos agronómicamente fue el de reducir la altura y engrosar los tallos de la planta para darle una resistencia al vuelco», explicó Colazo. 

Gracias a este rediseño estructural, el cultivo optimizó su manejo agronómico en el campo y minimizó el desperdicio. Al llegar al molino industrial, la variedad demostró un porcentaje de grano entero excelente, superando con creces los estándares comerciales tradicionales.

De Argentina a Medio Oriente

El éxito de KIRA INTA trascendió rápidamente las fronteras nacionales a través de un convenio de vinculación tecnológica con la firma Adecoagro, el primer productor arrocero de Argentina, que fue coordinado por Colazo. 

En la última campaña, la empresa reportó un volumen aproximado de 20.000 toneladas, destinadas casi en su totalidad al mercado externo. Los principales destinos internacionales en la actualidad son Turquía, Medio Oriente, Brasil, Chile, Colombia y España.

El gran imán de este desarrollo es su altísima rentabilidad en épocas complejas. Mientras el precio internacional del grano común sufre oscilaciones a la baja, este producto de nicho se erige como un salvavidas comercial. 

«En tiempos de crisis, donde el precio del arroz es bajo, es una opción para poder diversificar la producción», destacó el especialista, y concluyó con orgullo sobre el posicionamiento de la marca país: «La genética INTA, que se exporta a distintos países, es muy valorada por los atributos de calidad del grano de arroz, por su apariencia y por las propiedades culinarias». 

Con KIRA INTA, la mesa está servida: la ciencia y la alta gastronomía demuestran que, cuando se unen en el campo, el valor agregado argentino no tiene fronteras.

Por Pablo Salinas

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