Agricultura
06/08/26
Sustentabilidad y rentabilidad se dan la mano: “Los productores tienen que poner en valor lo que hacen para generar negocio”
Expertos remarcaron la importancia de medir y comunicar las prácticas sustentables como un camino para la monetización y la apertura de nuevos mercados.
En la última jornada de la cita anual más relevante del sector, el Congreso Aapresid 2026 con la fuerza de Expoagro, reunió a destacados especialistas nacionales e internacionales que coincidieron en un mensaje clave: producir con criterios sustentables no solo cuida el ambiente, sino que también mejora la rentabilidad y abre nuevas oportunidades en los mercados.
La sustentabilidad también se paga
El primer panel, llevado a cabo en la sala Aapresid bajo el título “La sustentabilidad también se paga”, estuvo a cargo de Inés Di Nápoli, fundadora de Plataforma PUMA y actual directora de Estrategia Global de PUMA by Regrow; el ingeniero agrónomo Tomás Mata, asesor de Desarrollo de Proyectos de SAI Platform; Yannik Delvaux, agrónomo belga responsable de la Estrategia Comercial de Soil Company; y Marcelo Torres, presidente de Aapresid.
“Los datos son los activos más importantes que tienen los productores. Cuando son impulsados para tener indicadores que pueden generar negocios y agregar valor es muy importante”, afirmó Inés Di Nápoli cuya compañía fundada en 2019 creó la primera calculadora de impacto ambiental que ya midió más de 8 millones de hectáreas con diferentes cultivos y cuenta con presencia en 7 países.
Para la emprendedora, “el cambio de uso del suelo actualmente es un criterio de elegibilidad de los productos y Argentina tiene una muy linda historia para contar”. En este sentido, aseguró que los productores tienen una enorme oportunidad de poder demostrar lo que hacen: “Todos sabemos el valor que aporta una práctica como la siembra directa, pero tenemos que poder demostrarlo para ponerlo en valor y empezar a generar negocio”, dijo.

Por su parte, el ingeniero agrónomo Tomás Mata aseguró que “el cambio de la demanda ya comenzó hace tiempo, ya que hoy piden saber atributos sobre las formas de producción, las certificaciones, datos verificables y qué tipos de prácticas realizan”. Esto modificó el contexto en el que operan las cadenas agroalimentarias que “ya no solo pueden decir que son sustentables, sino que deben demostrarlo”.
Si bien en Argentina la agricultura regenerativa gana terreno hace muchos años, Mata sostuvo que “en las empresas es un término más reciente”. De hecho, la compañía en la que se desempeña desarrolló un programa de agricultura regenerativa enfocado en la mejora continua que mide las prácticas y sus resultados con criterios rigurosos.
Con el objetivo de ayudar a la transición de una agricultura tradicional a una regenerativa, en 2019 Soil Company creó el primer programa de carbono para la agricultura en Europa. Al ver que medir carbono ya no era suficiente, “en 2025 comenzaron a evaluar cinco áreas a pedido de las industrias: suelo, agua, clima, biodiversidad y economía”, describió Yannik Delvaux y afirmó: “Los productores quieren cambiar, pero tienen que tener un incentivo como la generación de un modelo de carbono relevante a nivel local o productos verificados según las normas”.

En representación de Aapresid, su presidente Marcelo Torres indicó que la entidad “tiene una red de alrededor de mil productores con influencia en 11 millones de hectáreas, trabajando en la agenda de sustentabilidad” y destacó que el 80% de la producción argentina es en siembra directa.
En ese sentido, Torres afirmó que “los mercados piden regeneración con evidencia” y detalló los beneficios para el productor: “Más rentabilidad por el menor uso de insumos, mejores niveles de producción, menos erosión, más eficiencia en el uso de agua, menos herbicidas, más captura de carbono y menos emisiones de dióxido de carbono”.
Como reflexión, destacó: “Tenemos mucho valor en lo que hacemos pero debemos mostrarlo, es lo que nos falta. Los indicadores que nos piden los mercados internacionales son cosas que ya estamos haciendo, tenemos que ponerlos en valor”.

Restauración de carbono y su monetización
En la sala Bayer, Maira Lelis – productora de la Federación Brasileña de Sistema de Siembra Directa (FEBRAPDP)- y el investigador João Carlos de Moraes Sá, presentaron el tema del segundo panel que integró el eje “Sustentabilidad y Mercados”: “Del suelo al mercado: Restauración de carbono y su monetización”.
La referente de FEBRAPDP comentó que la siembra directa comenzó en Brasil en 1972 y, a partir de allí, “cambió la historia tanto en la conservación del suelo como de su productividad”. Durante su exposición, comentó los beneficios de este sistema y compartió la experiencia en su propia finca familiar ubicada en el estado de San Pablo, donde su abuelo comenzó a aplicarlo hace 35 años.
En 2018, en tanto, los productores evolucionaron hacia la siembra directa con rotación. “Para tener más carbono necesitamos tener vida en el suelo”, señaló Lelis, y explicó que haber entendido que “el sistema necesita distintos microorganismos para lograr un equilibrio que mejore el sistema y aumente la rentabilidad” fue clave en términos productivos.

A su turno, el investigador especializado en la dinámica del carbono dentro de los sistemas de siembra directa, João Carlos de Moraes Sá, se refirió a los resultados de un estudio en Brasil que evidencia que la ausencia de labranza, la búsqueda de un suelo permanentemente cubierto y la diversificación de cultivos permiten recuperar carbono del suelo. “El sistema de siembra directa y la agricultura regenerativa son indisociables”, afirmó Moraes Sá.
A modo de cierre, el experto también se refirió a la experiencia del mercado de carbono y el pago de servicios ambientales (PSA) en la agricultura brasileña. Para el sistema de siembra directa, los PSA incluyen emisiones, operaciones logísticas y combustibles, y hacen posible tener una monetización a partir del carbono secuestrado.
“El sistema de siembra directa promueve emisiones netas cero y negativas, y la remuneración relacionada con el carbono secuestrado puede generar un incremento del 8 al 12% en la rentabilidad del productor”, concluyó.
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