Gaucho Verde: Producir con bienestar animal, regenerar el suelo y acercar el campo a la mesa
Hace cinco años, una preocupación por la alimentación de su familia llevó a Ezequiel Swinnen a cambiar el rumbo de su vida y crear Gaucho Verde, un emprendimiento dedicado a la producción de huevos y pollos pastoriles en Cortines, partido de Luján. Hoy, el proyecto crece de la mano de consumidores que buscan alimentos de origen conocido y producidos bajo un modelo que combina bienestar animal, regeneración del suelo y cercanía con quienes los consumen.
Chef de profesión y productor por convicción, Ezequiel Swinnen explica que la iniciativa de crear Gaucho Verde, nació durante la pandemia, cuando decidió dedicar su tiempo a producir sus propios alimentos. Junto a su familia desarrolló un sistema basado en la avicultura pastoril, una huerta agroecológica, el compostaje y el trabajo articulado con otros productores locales. En esta entrevista cuenta cómo fue ese proceso, por qué apuesta por las economías regionales y qué desafíos enfrenta un pequeño emprendimiento que busca demostrar que es posible producir de manera sustentable, rentable y con un fuerte vínculo entre el campo y la ciudad.

Actualmente, el crecimiento de Gaucho Verde responde a una demanda sostenida de los consumidores. “Produzco pollos y huevos en sistema pastoril. Empecé a escala familiar y hoy el emprendimiento creció porque voy aumentando permanentemente la cantidad de aves a medida que el consumidor lo solicita”, señala el productor. Destaca, además, que ese crecimiento fue impulsado por la confianza de quienes eligen sus productos y por el contacto directo que mantiene con ellos.
También explica que el vínculo con sus clientes trasciende la comercialización. “Por suerte, siempre tengo muchos pedidos y mucha gente que avala lo que hago. Incluso muchos clientes vienen a conocer el establecimiento y después se transforman en clientes amigos que siguen comprando para siempre”, afirma.
Gaucho Verde demanda un trabajo constante, pero el esfuerzo vale la pena porque le permite desarrollar un modelo alineado con sus convicciones. “No estoy en contra del sistema industrial; estoy a favor de la diversidad en la producción. Todos tienen sus ventajas”, explica y comenta que comenzó con una escala familiar y que, influenciado por referentes de la agroecología, entendió que un emprendimiento solo es sostenible cuando equilibra tres pilares: bienestar animal, impacto social y rentabilidad. “La mesa tiene que tener tres patas”, resume. Para el productor, cuidar el suelo, promover su regeneración y garantizar el bienestar de los animales no está reñido con la viabilidad económica. “Nunca dejando de lado la rentabilidad, porque es súper importante que el proyecto se sostenga”, sostiene.

Bienestar animal vs. “gallinas felices”
Para Swinnen, el concepto de “gallinas felices” resulta impreciso y prefiere hablar de bienestar animal basado en criterios concretos. Explica que su objetivo no es atribuir emociones a las aves, sino garantizarles condiciones de vida acordes con su comportamiento natural. “Yo no sé lo que es una gallina feliz. Lo que sí sé es que les garantizo un hábitat de vida como el que suelen tener por naturaleza: acceso a pastura, al exterior, al sol, agua disponible, buenos metros cuadrados y rotación de parcelas”, señala. El productor remarca que, aunque se trata de un sistema con fines productivos, procura que los animales transiten su ciclo de vida en condiciones dignas. En ese sentido, sostiene que, a diferencia de otros modelos donde el único objetivo es maximizar la producción, “en nuestro sistema los animales no son un descarte, sino parte de un proceso”, afirma

También observa que en los últimos años cambió la forma en que las personas eligen sus alimentos y asegura que existe una mayor valoración por los productos frescos y de origen conocido. “Los hábitos de consumo cambiaron radicalmente. La gente elige, mientras pueda, alimentarse mejor”, sostiene. Considera que la información cumple un rol clave, por lo que junto a su esposa, la nutricionista Mechi Caracoche, genera contenidos para enseñar a sus clientes cómo cocinar y aprovechar mejorlos alimentos. Además, destaca que abrir las puertas de Gaucho Verde y mostrar el proceso productivo fortalece el vínculo con los consumidores.
De cara al futuro, el emprendedor asegura que el desafío es crecer sin resignar los principios que dieron origen a Gaucho Verde. En ese camino, el emprendimiento sumó a su hermano Matías al proyecto con el objetivo de ampliar la producción y llegar a más consumidores. “La idea es escalar el proyecto manteniendo los sistemas de producción actuales”, explica. El crecimiento, aclara, estará basado en aumentar el volumen de aves sin abandonar el modelo pastoril que caracteriza al emprendimiento. “Vamos a llegar a una escala mucho mayor, pero sí o sí manteniendo el sistema pastoril”, concluye.
La historia de Gaucho Verde demuestra que es posible construir un emprendimiento agroalimentario que combine rentabilidad, bienestar animal y regeneración del suelo. Con una producción basada en la transparencia, el contacto directo con los consumidores y el compromiso con el territorio.
Por Marizú Olivera Orquera.
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