El legado del campo: Creó una IA para que sus hijos hereden su experiencia como productor
¿Qué pasaría si todo el conocimiento que un productor acumuló durante décadas pudiera preservarse para las próximas generaciones? Esa fue la pregunta que llevó a Diego Álvarez, ingeniero agrónomo y productor de Nogoyá, Entre Ríos, a desarrollar un sistema basado en inteligencia artificial capaz de aprender su forma de tomar decisiones en el campo.
Lejos de buscar reemplazar el criterio del productor, Diego Álvarez explica a Expoagro que el verdadero propósito del desarrollo es preservar un conocimiento que, durante generaciones, se transmitió de manera oral y que muchas veces se pierde cuando quien lo construyó ya no está. Por eso, pensando en el futuro de sus hijos, Santos y Juana, creó una plataforma que reúne los datos, aprendizajes, aciertos y errores acumulados durante 23 años al frente del establecimiento familiar. «Mi viejo me dejó la tierra, y yo quiero dejarles a mis hijos algo más: el conocimiento de cómo trabajarla bien«, resume. El sistema busca que, cuando llegue el momento de administrar las 420 hectáreas, puedan acceder no solo a la información del campo, sino también a la forma en que su padre analiza cada decisión productiva.

Para Álvarez, la clave del desarrollo no está únicamente en la inteligencia artificial, sino en la calidad y el contexto de la información con la que fue entrenada. Explica que un modelo de IA de uso general no puede reemplazar la experiencia de un productor porque trabaja con información amplia y genérica. “Si agarrás ChatGPT y querés manejar un campo solo con eso, realmente te va a ir mal”, afirma. En cambio, su sistema fue alimentado con los registros digitales de más de dos décadas de trabajo, organizados para que la IA pueda consultarlos e interpretarlos de manera eficiente. “La diferencia es que tiene contexto. No usa sus conocimientos, usa los míos, los que yo le cargué. La inteligencia artificial funciona como un cerebro: busca la información, la procesa, la entiende y me devuelve una respuesta útil”, explica. De esta manera, el sistema no reemplaza el criterio del productor, sino que aprende de su propia historia productiva para replicar la lógica con la que toma decisiones en el campo.
Desde el punto de vista técnico, el productor entrerriano explica que el desarrollo se basa en un sistema de indexación conocido como RAG (Retrieval-Augmented Generation), que permite organizar y estructurar toda la información para que la inteligencia artificial pueda consultarla de forma eficiente. “Llevó bastante tiempo procesar toda esa información, pero una vez que está en este sistema, la inteligencia artificial la puede consultar y responder con el contexto de mi campo”, señala y detalla que la tecnología no genera respuestas genéricas, sino que recupera los datos, experiencias y criterios previamente cargados para ofrecer recomendaciones alineadas con la historia productiva del establecimiento familiar.
Álvarez considera que la herramienta tiene potencial para trascender el ámbito familiar y convertirse en un recurso para otros productores, empresas y asesores agropecuarios. De hecho, cuenta que tras difundir su experiencia recibió numerosos mensajes de personas que se sintieron identificadas con la idea de preservar el conocimiento acumulado a lo largo de los años. “Mucha gente me dijo que iba a tomar ese camino porque sentía lo mismo que yo: que cuando alguien se va, se lleva todo ese conocimiento”, comenta.

Más allá del desarrollo tecnológico, Álvarez sostiene que el mayor cambio pasa por la forma en que los productores se relacionan con estas nuevas herramientas. “No le tengan miedo a esta tecnología. No viene a reemplazar puestos de trabajo; es una herramienta más y depende de cada uno cómo la use”, afirma. Para explicar ese cambio, la compara con la llegada de las planillas de cálculo: “Es como cuando apareció Excel. Muchos seguían usando lápiz, papel y calculadora, y hoy ya no hay discusión sobre su utilidad”. El productor considera que la inteligencia artificial abre un abanico de posibilidades para el agro y que el verdadero límite está en la creatividad de quienes la utilizan. “Hoy el límite está en la imaginación. Yo todavía no encontré el techo de este sistema, y si existe, va cambiando todo el tiempo porque aparecen modelos más inteligentes y nuevas herramientas”, dice.
El creciente interés por estas soluciones también quedó reflejado en la comunidad que impulsó recientemente: “Armé un grupo de WhatsApp sobre inteligencia artificial aplicada al agro y en un solo día superó las 500 personas. Realmente es un tema que está empujando muy fuerte”, concluye.
La iniciativa de Diego Álvarez muestra que la inteligencia artificial también puede convertirse en una herramienta para preservar uno de los activos más valiosos del agro: el conocimiento acumulado por quienes trabajan la tierra. En un sector donde gran parte de la experiencia todavía se transmite de manera oral, su desarrollo propone una nueva forma de construir legado, combinando tecnología, memoria y gestión.
Por Marizú Olivera Orquera.
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