“La Constancia”, pasión por el Hampshire Down y el legado de tres generaciones en el sur santafesino
En 1945 se produjo el hito fundacional de la cabaña ovina conducida por la familia Gallo. El origen fueron 20 borregas y un carnero. Hoy el plantel cuenta con cerca de 600 cabezas y ejemplares que brillan en las principales exposiciones del país.
Roberto Gallo posa para las fotos en un corral de la ExpoVenado 2026. Se muestra en su hábitat natural, sonriente y con la serenidad de quien ha dedicado su vida al campo. Su expresión bondadosa sintoniza de forma perfecta con el temperamento dócil de las ovejas Hampshire Down que cría en su establecimiento agropecuario: Cabaña “La Constancia”.

Roberto hoy cuenta con 71 años de edad, y si se le pregunta cuándo comenzó su relación con el campo, alza los hombros y musita: “Es mi vida”.
En el corazón de Runciman, a poco más de 20 kilómetros de Venado Tuerto, se esconde una historia que cruza el tiempo a bordo de “la constancia”, un valor que no solo bautiza al campo familiar, sino que define el espíritu de la familia Gallo.
Todo comenzó en 1911, cuando los abuelos adquirieron las tierras y, un par de años más tarde, se mudaron definitivamente desde Santa Teresa para echar raíces.
Sin embargo, el verdadero hito que cambiaría el destino productivo de la familia ocurrió en 1945, gracias a un gesto de complicidad paterna que se transformó en mito fundacional.

Roberto, quien hoy lidera esta nueva etapa, recuerda la anécdota con la frescura de lo que se hereda en la sangre: “Se había hecho un remate en lo de Boyle Hermanos, y había 20 borregas y un carnero. Mi papá le pidió al abuelo, o sea, a su padre, que se las comprara. La respuesta fue un ‘no, vamos a ver más adelante’. Mi papá se fue más temprano al campo para hacer las tareas diarias y dejar todo listo antes de la noche. A la tardecita vio un camión que entraba en la avenida del campo, el abuelo le mandaba de regalo las primeras 20 borregas y el carnero”.
El padre de Roberto tenía entonces apenas 22 años. Aquel camión no solo traía animales, transportaba el inicio de la cabaña Hampshire Down más antigua del país que se mantiene activa en las principales pistas de exposición del país.
Posta generacional
La posta generacional sumó un nuevo capítulo en 1974, cuando Roberto se recibió de agrónomo en el Centro Agrotécnico Regional (CAR) de Venado Tuerto. Al incorporarse a la firma familiar, asumió el desafío de profesionalizar la cabaña y darle un impulso definitivo.
Fue él quien se animó por primera vez a cruzar las fronteras locales para llevar los animales a la prestigiosa Exposición de Palermo. “Empecé a meterles fichas, y así el primero de la familia que fue a Palermo con animales fui yo. Después arrancamos con todo esto”, señala con orgullo.

A partir de allí, la búsqueda de la excelencia genética no se detuvo. Incorporaron un carnero en pie traído desde Nueva Zelanda que revolucionó el mercado, sumaron reproductores de Uruguay y, en los últimos años, implementaron inseminación con semen británico y transferencia de embriones de Nueva Zelanda, logrando el nacimiento de una borrega excepcional que promete brillar en las próximas pistas.
Hoy en día, en una armónica superficie de 60 hectáreas, conviven más de 600 animales en unas 20 hectáreas, y el resto lo dedican a la siembra de maíz y soja, granos destinados exclusivamente a asegurar una nutrición de primer nivel.
La rutina ovina exige una constancia absoluta e implacable. No existen los días de descanso en el calendario. Roberto compara la rutina de la cabaña ovina con la exigencia diaria de un tambo: “Son 365 días al año sin descanso”, asegura. Entre pariciones, servicios, el cuidado estival contra la bichera y la preparación para el circuito de exposiciones, el esfuerzo es total.
Tercera generación
Aunque recientemente incorporaron cabras Boer y ovejas Dorper, el Hampshire Down sigue siendo el indiscutible caballito de batalla de “La Constancia”. El verdadero orgullo de Roberto es ver cómo la historia vuelve a repetirse. Hoy la tercera generación ya lidera el manejo diario. Sus hijos Germán y Luis se sumaron formalmente al terminar el colegio. El cabañero recuerda con orgullo la propuesta de sus hijos: «Papi, ¿podemos ir a trabajar con vos al campo?».

La respuesta fue un rotundo sí que dio frutos de inmediato, obteniendo grandes campeones en Palermo, Venado Tuerto y las principales muestras del país, además de consolidar un flujo de exportación hacia Brasil, Paraguay y Uruguay.
La familia entera sostiene la estructura: Roberto y su esposa Ana María viven en el campo, mientras que sus hijos operan desde Venado Tuerto junto a sus respectivas esposas, quienes curiosamente comparten el nombre de María Eugenia.
Una de ellas también aporta su mirada profesional como veterinaria, encargándose minuciosamente de los exigentes protocolos sanitarios y de sangrado para las muestras.
Cordero en la mesa
El horizonte de “La Constancia” no se limita a las cucardas de las exposiciones; la innovación familiar apunta ahora a transformar el consumo local a través de la promoción del «cordero pesado».

Con Germán a la cabeza de un proyecto de comercialización en un local comercial ubicado en Venado Tuerto, los Gallo buscan romper el mito de que el cordero es solo para el asador del domingo.
A través de empanadas, chorizos y cortes específicos despachados bajo estrictas normas legales y faenados en un frigorífico multi-especie regional, están logrando que la carne ovina se gane un lugar habitual en la mesa diaria de los santafesinos, impulsados por el infalible veredicto del boca a boca.
Más de 80 años después, desde las 20 borregas iniciales a este presente, el apellido Gallo sigue siendo sinónimo de arraigo, evolución, pasión por la tierra y constancia.
Por Pablo Salinas
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