Más allá de la cosecha: El nuevo rol del periodismo agropecuario
El periodismo agropecuario dejó de hablar exclusivamente al productor para asumir el desafío de acercar la realidad del campo a toda la sociedad. Lucas Villamil, Mariana Reinke y Lucas Torsiglieri analizan cómo cambió la comunicación del sector, el impacto de los nuevos formatos y la necesidad de traducir un entramado cada vez más complejo sin perder rigurosidad, ampliar la mirada más allá de la región pampeana y construir puentes con un público mayoritariamente urbano.
La comunicación del sector agropecuario argentino ha experimentado una metamorfosis rotunda en las últimas dos décadas. Lo que alguna vez fue un nicho técnico y exclusivo para productores, hoy se posiciona como una pieza clave de la agenda nacional. Este quiebre histórico se hizo evidente en momentos de alta tensión social; como recuerda Lucas Villamil, periodista del diario Clarín, quien llegó al periodismo agropecuario en 2007 como responsable de prensa de Acrea, justo cuando «estalló el conflicto del campo con el gobierno por la 125«. En ese instante, un sector al que habitualmente «no se le prestaba demasiada importancia de manera masiva» pasó repentinamente a ocupar las portadas de todos los diarios del país. Hoy, la labor de informar sobre la tierra va mucho más allá de la cobertura de crisis políticas: se trata de un esfuerzo diario por dar a conocer los detalles y grandes avances de un motor económico complejo para un público mayoritariamente urbano.

Traducir la complejidad en la era digital
Dar a conocer los avances propiciados por el sector agroindustrial implica hoy abordar un ecosistema gigantesco y dinámico. Mariana Reinke, periodista de La Nación, explica que uno de los mayores retos de la especialidad es que se trata de «un sector enorme, muy diverso y que está atravesado por muchísimas variables» que van desde lo climático y comercial hasta lo impositivo, tecnológico y político.
Para Reinke, el verdadero rol de la profesión reside en la capacidad de simplificar sin banalizar: «El desafío periodístico está justamente en poder explicar esa complejidad de una manera clara y sencilla, sin perder profundidad». Esto es vital porque detrás de cada medida gubernamental o variación de precios hay consecuencias directas sobre la vida cotidiana de productores y consumidores. La periodista añade que el público ha cambiado y ya no basta con escribir solo para técnicos del sector. Por ello, busca traducir los temas complejos bajo una premisa fundamental: «Una cifra por sí sola muchas veces dice poco. En cambio, cuando explicamos qué representa para el productor, para una empresa o para una determinada actividad o economía regional, se puede entender realmente la dimensión de la noticia».
El esfuerzo de dar a conocer y traducir la relevancia del sector agroindustrial a toda la sociedad, requiere hoy un ritmo vertiginoso. Lucas Villamil rememora que, al ingresar a Clarín hace más de 15 años, «se tomaba toda una semana para escribir las notas« destinadas exclusivamente al suplemento impreso de papel, viajando directamente al campo con un fotógrafo. En contraste, la tecnología actual les exige «generar contenidos constantemente» utilizando herramientas móviles y nuevos formatos como el video. El gran reto actual de Villamil es captar la atención de lectores ajenos al agro para «hacerles ver la importancia que tiene para la economía y para la vida diaria de la Argentina lo que se produce en el campo«.
Periodismo de «puertas abiertas» y miradas diversas
Para conectar eficazmente con la sociedad, los periodistas coinciden en la necesidad de diversificar la agenda y romper con los sesgos geográficos. Sobre esto, Villamil señala que un objetivo crucial en sus coberturas es «salir de la mirada pampeana exclusivamente« para visibilizar la inmensa riqueza de las economías regionales, los clústeres lácteos, frutícolas y la multiplicidad de actores que integran el agro a lo largo del país.

En sintonía con esta visión, Lucas Torsiglieri, periodista y editor de Bichos de Campo, defiende firmemente la idea de hacer «un periodismo de agro puertas abiertas en algún sentido«. Para Tosiglieri, este enfoque implica ampliar la lista de temas para hablarle directamente al habitante de la ciudad, aquel que está cerca del sector pero no depende directamente de él, «lo que no significa ni ser banal, menos riguroso, menos serio, ni tampoco faltar a la verdad, sino tener mayor apertura».
Curiosamente, el hecho de no provenir de una familia rural, es visto por Torsiglieri como una fortaleza profesional. Con una formación de base en Comunicación general, el periodista afirma que su propia distancia inicial con el agro le permite empatizar mejor con el lector común: «A veces uno escribe una nota o cuenta algo explicándo de manera simple temas muy de nicho, para que personas que no conocen el sector o que quizás no habían escuchado hablar nunca sobre el tema, para que comprendan y les resulte asequible«, dice.

La labor del periodista agropecuario tampoco es ajena a las dificultades que atraviesa la profesión a nivel global y por esto Torsiglieri advierte que el sector sufre el impacto del «descrédito que tiene la institución periodística en general hoy«. Esta desconfianza se traduce en obstáculos prácticos cotidianos, como la creciente dificultad para acceder a voceros oficiales o la complejidad para sortear canales de control estatales y «conocer actos de gobierno mínimos«.
A pesar de estas barreras y de las urgencias de la coyuntura económica, Torsiglieri destaca que el periodismo agropecuario tiene la responsabilidad de elevar la discusión y dar espacio a voces que propongan «una discusión por políticas públicas y visiones de largo plazo«.
Así, lejos de limitarse a reportar toneladas de cosecha o cotizaciones de commodities, el periodismo agropecuario moderno se consolida como un traductor social indispensable. Es la herramienta que humaniza los datos duros, descentraliza la mirada del puerto de Buenos Aires y explica, tanto al productor como al consumidor urbano, de qué manera el destino de la tierra firme define el día a día de toda la Argentina.
Por Marizú Olivera Orquera.
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