IA en el agro: Cómo aprovecharla para mejorar la gestión sin delegar las decisiones

IA en el agro: Cómo aprovecharla para mejorar la gestión sin delegar las decisiones

Sabemos que la IA ayuda a procesar imágenes, automatizar tareas administrativas y ordenar datos del campo. Pero dos referentes del sector coinciden en que la herramienta amplía capacidades y no reemplaza el criterio profesional: la responsabilidad de decidir sigue en manos del productor y su equipo técnico.

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa lejana para convertirse en una herramienta de uso cotidiano en la gestión agropecuaria. La pregunta ya no es si llegó al campo, sino cómo incorporarla paraincorporar para ordenar la información y mejorar los resultados sin perder el control de las decisiones.

Para María Luján Santos, COO en Albor, empresa dedicada al desarrollo de software de gestión integral (ERP) y soluciones digitales para el sector agropecuario, hoy hay dos frentes muy claros donde la IA aporta valor concreto. “Uno es la visión artificial: el análisis de imágenes satelitales, el índice verde, la detección de malezas y todo lo que captan los drones”, explicó. Según la referente, esas tecnologías generan  muchísima información, y la IA es muy buena para procesar grandes volúmenes de datos.

Sebastián Suarez, co-founder de AILOG, ecosistema de agentes de IA para la logística, coincide en que el valor está en la integración. Para el especialista, la IA tiene la capacidad de combinar los datos de todas las problemáticas y resolver respetando las reglas de negocio, es decir, las variables de cada empresa. Por eso, afirmó, ayuda en todas las etapas de manera combinada. En cuanto a las herramientas disponibles, mencionó los agentes de Gemini y Claude, entre otros.

Para que la tecnología funcione, el punto de partida es la información. “Se habla mucho de ‘IA first’, pero para mí es ‘data first’”, sostuvo Santos. Y graficó: “Si a la IA le mandás fruta (datos desordenados, con ruido, incompletos), sale fruta”. La COO de Albor señaló que la información del campo suele estar desperdigada: en el WhatsApp del agrónomo, en la planilla del contratista o en una foto que sacó alguien. Por eso, lo primero es estructurarla en un sistema de gestión.

Responsabilidad que no se delega

El segundo punto es quién decide. “Hay algo que la IA nunca va a hacer por vos: hacerse responsable”, advirtió Santos. Si un agrónomo hace una recomendación, la firma él y nadie se la va a reclamar a la IA. Por eso, el criterio profesional para evaluar lo que devuelve la herramienta sigue estando, y tiene que estar, en el productor y en su equipo técnico. “La responsabilidad no se delega”, resumió.

Santos identificó tres riesgos principales. El primero son los datos de mala calidad: con datos malos la herramienta entrega igualmente una conclusión, y se puede inferir muy mal. El segundo es creerle todo. “La IA casi nunca te dice ‘no sé’: si no sabe, a veces inventa”, alertó, y agregó que además es complaciente y tiende a dar la razón. Por eso recomendó pedirle que no invente, que cite la fuente y que critique lo que se le plantea. El tercero es la falta de educación en la herramienta: para la ejecutiva, “el problema no es la tecnología, es usarla sin entender cómo funciona”.

Suaárez, por su parte, puso el foco en otros dos aspectos. El principal riesgo, indicó, es la seguridad de los datos, dado que el mal uso puede llevar a publicar información privada de las empresas. El segundo es no tener un objetivo de negocios y adoptar la tecnología por tendencia. Para ilustrarlo, comparó: “IA es para lo que fue la computadora vs la calculadora. Amplía capacidades, pero tiene que tener un objetivo rentable”.

A quienes dan sus primeros pasos, Santos les propone perder el miedo en la práctica. “Sentate y probá. Hablale como si fuera un consultor que contrataste”, recomendó. Y remarcó que no hay nada que temer: “No la podés romper”. Según dijo, el miedo se pierde probando, algo que está al alcance de cualquiera, tenga la edad que tenga.

Cómo será el campo dentro de cinco años

Respecto del futuro, Santos remarcó que los ciclos de cambio son cada vez más cortos: lo que a internet le llevó una década, la IA lo hizo en dos o tres años. En cinco años, anticipó, “va a estar metida en todo”, y la diferencia ya se está viendo, porque un agrónomo, un contador o un administrador que usa estas herramientas se posiciona distinto que uno que no. Quien no suba no se queda afuera para siempre, pero llegará más tarde y en desventaja. “No es algo opcional”, subrayó.

Para aprovecharla, señaló dos capacidades a desarrollar desde hoy. Una es el pensamiento crítico: preguntarse qué dice la herramienta, en qué puede estar equivocándose y por qué. La otra son las ganas de aprender, que a su criterio es la variable que cambia la ecuación, más que la edad o la formación técnica.

Suaárez coincidió en que la IA ya forma parte del día a día de todos, pero imagina un escenario con muchas más soluciones predictivas, que resuelvan clima, mercado, microeconomía, compra de insumos y comercialización de productos. La clave, planteó, es que todo esté unido, con todas las variables contempladas y la IA asistiendo a los equipos para que sean más eficientes y rentables.

Por Marizú Olivera Orquera

En caso de replicar este contenido en su totalidad o parcialmente, por favor citar como fuente a www.expoagro.com.ar en el primer párrafo y al final de la nota.

Compartir