El Niño pone en alerta al país: dónde se esperan más lluvias y cómo prepararse
Las proyecciones climáticas advierten sobre un escenario de precipitaciones superiores a lo normal durante la primavera y el verano, con posibles inundaciones en algunas regiones. Especialistas del SMN y el INTA explicaron a Expoagro cuáles serían las zonas más vulnerables, qué consecuencias podría tener para la producción agropecuaria y cómo anticiparse.

La llegada de El Niño podría poner en alerta a buena parte de la Argentina. Las perspectivas climáticas para la primavera y el verano anticipan un escenario de lluvias que podrían superar los promedios históricos en distintas regiones, con posibles consecuencias para la producción agropecuaria, los caminos rurales y las ciudades más expuestas a inundaciones.
El fenómeno, cuyos efectos podrían extenderse hasta comienzos del otoño, representaría un desafío particular para las zonas donde los suelos ya se encuentran saturados de agua. Sin embargo, los especialistas aclaran que una mayor intensidad de El Niño no significa necesariamente que se produzcan tormentas extremas en todas las regiones.
El Niño es un fenómeno climático natural asociado al calentamiento de las aguas del océano Pacífico ecuatorial, que modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones de precipitaciones en distintas partes del mundo.
En la Argentina, sus efectos suelen sentirse especialmente en el este del país, aunque su impacto varía según la región y las condiciones meteorológicas de cada período.

Dónde y cuándo podrían registrarse las mayores lluvias
De acuerdo con las perspectivas analizadas por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la Mesopotamia, el Litoral y sectores de la región pampeana se encontrarían entre las áreas con mayores probabilidades de registrar precipitaciones superiores a las habituales.
Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, identificó entre las zonas potencialmente más expuestas a Misiones, Corrientes, Chaco, Formosa, sectores de Santa Fe y Entre Ríos, y el centro-oeste de la provincia de Buenos Aires.
En contraposición, el noroeste argentino, la Puna y el extremo sudoeste del país podrían atravesar condiciones más secas de lo normal.
Según las proyecciones analizadas por el especialista en septiembre, la mayor intensidad del fenómeno podría registrarse hacia fines de la primavera, con lluvias más frecuentes durante noviembre y diciembre y posibles impactos sobre el territorio durante diciembre y enero.

No obstante, los pronósticos estacionales indican tendencias generales y no permiten anticipar con exactitud cuándo ni dónde ocurriría una tormenta intensa. Por eso, el SMN recomienda complementar estas perspectivas con los pronósticos de corto plazo y el Sistema de Alerta Temprana.
El impacto en el campo: riesgos y oportunidades
Para la producción agropecuaria, El Niño presenta dos caras. Por un lado, el aumento de las precipitaciones podría provocar anegamientos, dificultades para ingresar maquinaria a los lotes, complicaciones logísticas y mayores riesgos sanitarios para los cultivos.
Por otro, una mayor disponibilidad de agua podría favorecer los rendimientos agrícolas y la producción de pasturas, especialmente en suelos con buen drenaje.
«El Niño tiene dos caras: una es la de la vulnerabilidad, los riesgos, pero también está la otra, relacionada con la oportunidad de tener durante la campaña una alta disponibilidad hídrica», explicó Mercuri.
En ganadería, el especialista recomendó prestar especial atención a los establecimientos ubicados en campos bajos o zonas de islas, donde el agua podría permanecer durante períodos prolongados.
Entre las principales medidas preventivas destacó la necesidad de anticipar reservas de alimento, almacenar rollos y silos en sectores elevados, identificar lugares seguros para trasladar la hacienda y evaluar una reducción de la carga animal si aumenta el riesgo de inundación.

Para la agricultura, el desafío sería aprovechar las ventanas de buen tiempo para realizar siembras, aplicaciones y cosechas. Los períodos prolongados de humedad también podrían favorecer la aparición de enfermedades, especialmente las provocadas por hongos.
«Son años de decisiones rápidas, de aprovechar bien esas ventanas de buen tiempo y de tener piso en los lotes para todo el trabajo», señaló el técnico del INTA.
En este contexto, el seguimiento meteorológico sería determinante. Los pronósticos trimestrales permiten planificar la campaña, mientras que las perspectivas semanales y las alertas de corto plazo ayudan a decidir cuándo mover hacienda, ingresar maquinaria o realizar tareas agrícolas.
Buenos Aires: un plan de prevención ante posibles inundaciones
Frente al riesgo de precipitaciones intensas, el Gobierno de la provincia de Buenos Aires presentó un plan de prevención y mitigación de El Niño que contempla una inversión anunciada de más de $2,3 billones.
La iniciativa busca fortalecer la capacidad de respuesta de los 135 municipios mediante obras hidráulicas, monitoreo meteorológico, mantenimiento de canales y coordinación de los servicios de emergencia.
Uno de los principales desafíos es la situación de los suelos que ya presentan elevados niveles de humedad. Cuando la tierra pierde capacidad de absorción, nuevas precipitaciones podrían incrementar el riesgo de anegamientos rurales e inundaciones urbanas.
El plan provincial incluye trabajos de limpieza y dragado, intervenciones en cuencas hídricas y obras vinculadas al río Salado y al río Areco. También contempla ampliar la red de estaciones meteorológicas automáticas, actualmente integrada por 42 equipos operativos, hasta alcanzar una meta de 250 en 2030.
Dentro del presupuesto global anunciado, se prevén $257.231 millones para proyectos de adaptación productiva frente a extremos climáticos.
Sin embargo, no todas las intervenciones están en condiciones de ejecutarse de inmediato. El propio informe provincial reconoce que algunas obras estratégicas permanecen en etapas de proyecto o licitación y dependen de financiamiento pendiente.
Por eso, además de las obras públicas, las autoridades recomiendan a los productores revisar drenajes y accesos, prever dificultades en los caminos rurales, asegurar reservas de alimento y planificar posibles traslados de hacienda.

La anticipación, una herramienta clave
Aunque todavía existe incertidumbre sobre la intensidad y distribución de las lluvias, los especialistas coinciden en la importancia de anticiparse a los posibles impactos.
Para el campo, esto implica ajustar las decisiones productivas a las condiciones de cada establecimiento. Para las ciudades, reforzar el mantenimiento de la infraestructura, los sistemas de alerta y los protocolos de emergencia.
El desafío será transformar la información climática en decisiones concretas. Porque, más allá de la intensidad que finalmente alcance El Niño, la capacidad de prevención será determinante para reducir sus posibles consecuencias sobre la producción y la vida cotidiana.
Por Antonela Schiantarelli
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