La productora y vicepresidenta de la Asociación Argentina de Criadores de Limousin, Silvina Martínez, cuenta cómo su padre introdujo a los animales en el país y desarrolló su genética para convertirla en una destacada raza carnicera.
Un objetivo, un viaje a Francia y la visión de un hombre que se animó a apostar por algo diferente en el tradicional mundo ganadero argentino, fueron la llave para abrir las puertas al desarrollo de la raza Limousin en el país. El responsable de esta hazaña fue, hace 60 años, Dalmiro Martínez, “un verdadero visionario y una persona muy innovadora”, como lo define su hija Silvina Martínez, productora agropecuaria y actual vicepresidente de la Asociación Argentina de Criadores de Limousin, de la que su padre fue uno de los fundadores.
El interés de Dalmiro por la producción de carne lo llevó, a mediados de la década de 1960, a viajar hasta la región francesa de Limoges para conocer las cualidades de la raza que le habían recomendado. Convencido por sus aptitudes carniceras, no dudó en regresar con tres animales que transportó en barco y comenzó a formar su propia cabaña.
Con poco más de 20 años de edad, Dalmiro ya estaba convencido de que quería ser productor ganadero. En aquel momento, los campos familiares que había heredado estaban alquilados, por lo que fue comprando las vacas a sus inquilinos hasta conformar un rodeo propio. “Decía que tenía un zoológico por la mezcla de razas, pero lo que él quería era tener una única raza carnicera, por lo que finalmente se quedó con las Limousin”, recuerda Silvina quien tenía apenas 3 años cuando llegaron aquellos primeros animales desde Francia.
Silvina creció escuchando hablar de la raza, acompañó a su padre a exposiciones y concursos, y vio cómo aquel proyecto comenzaba a ganar reconocimiento. Si bien durante muchos años trabajó como representante de perfumes de marcas francesas para empresas multinacionales, viajó por el mundo y conoció otras formas de hacer negocios, el campo siempre estuvo presente en su vida. Hace diez años su padre le pidió que se ocupara de la empresa familiar, que integra agricultura, ganadería, feedlot y cabaña. Desde entonces, se involucró cada vez más en la actividad y, tras el fallecimiento de Dalmiro en 2023, se dedica de lleno a la producción familiar. “Mi padre me educó muy libre. Siempre me decía que si a mí me gustaba otra raza, no criara Limousin. Pero yo no dudé en seguir su mismo camino, cuidando la raza que eligió hace 60 años”, cuenta.
Hoy, como productora agropecuaria y en su segundo mandato como vicepresidenta de la Asociación Argentina de Criadores de Limousin, que este año celebró su 60º aniversario, tiene la responsabilidad de continuar ese legado con el acompañamiento de sus dos hijos que, aunque tienen otras profesiones, heredaron la misma pasión. “Es un honor ser hija de Dalmiro Martínez”, dice.
Una raza francesa con identidad argentina
Como la raza original francesa era más grande y alta, con mayores requerimientos de alimentación, los criadores argentinos trabajaron sobre su genética para desarrollar un biotipo nacional “más carnicero y más pequeño para que pudiera competir con el Angus”, explica Martínez.
En ese proceso tuvieron un papel importante la inseminación artificial, la inseminación a tiempo fijo (IATF) y la incorporación de semen proveniente de Francia, técnicas y conocimientos que los socios compartían para mejorar sus rodeos. Se seleccionaron genéticamente los animales más pequeños con mejor cuadro trasero y el resultado fue una raza rústica, adaptable a distintas geografías y con características que hoy representan una oportunidad para la ganadería argentina: “Puede llegar a los 580 o 600 kilos que es donde más se desarrolla porque no se engrasa como otras razas”, asegura y destaca: “En este momento de faltante de carne y retención de vientres, no solo en Argentina sino a nivel mundial, todos hablan de subir la faena y 50 kilos más hacen la diferencia. Por eso creo que Limousin, con su genética, es la raza perfecta”.
También resalta el rendimiento al gancho, que puede ubicarse entre un 3 y un 5% por encima de otras razas, y la capacidad de transmitir características carniceras a través de los cruzamientos. En ese sentido, menciona el gen F94L, identificado en investigaciones científicas realizadas en Australia, que se transmite a la descendencia y está asociado con el desarrollo muscular y el rendimiento carnicero. Además, las vacas producen terneros más pesados al destete y, en la etapa de engorde, los animales pueden mejorar su eficiencia de conversión al superar los 450 kilos.
Por eso, para la productora, Limousin no es solamente una alternativa para quienes buscan criar animales puros, “también representa una herramienta genética para mejorar rodeos Angus o Hereford”.
Más kilos, rendimiento y calidad en el plato
Durante mucho tiempo, uno de los prejuicios sobre Limousin fue que su carne era demasiado magra. Sin embargo, Silvina considera que las evidencias demuestran lo contrario como otros importantes atributos: el rendimiento frigorífico, la terneza, la jugosidad y el sabor.
Este año, esa calidad tuvo un reconocimiento especial cuando su Establecimiento Martínez Arenaza e Hijos, ubicado en General Pinto (Buenos Aires), junto a Frigolar recibieron medalla de Plata en la categoría Bife Ancho alimentado a pasto en el Campeonato Mundial de Carnes realizado en Argentina. El corte final, que fue catado a ciegas por un jurado de expertos y compitió con muestras provenientes de 10 países, se obtuvo de un novillo Limousin de más de 600 kilos.
También se destacaron en La Rural de Palermo, donde obtuvieron el primer premio al mejor área de ojo de bife con Limousin y Linflex, además del reservado segundo mejor resultado en esa categoría. Para Silvina, son reconocimientos que ayudan a demostrar que rendimiento y calidad de carne pueden ir de la mano.
Actualmente, alrededor de 15 cabañas trabajan con pedigree y participan en concursos, mientras que muchos otros productores incorporan la raza mediante cruzamientos. Su presencia es fuerte en Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y Santa Fe, aunque su rusticidad le permite adaptarse a diferentes regiones del país. También hay productores que destinan animales a mercados de exportación, con presencia en las cuotas Hilton y 481, además del abastecimiento del consumo interno.
Un legado que sigue creciendo
Silvina recuerda a su padre como un visionario, inquieto y siempre dispuesto a incorporar tecnología. En los años ‘80, incluso, organizó en Palermo una presentación con ostras, champagne y un chef francés para mostrar las cualidades de la raza y acercarla a otros criadores. “Me acuerdo de acompañar a papá a los Block Test y ver que no le alcanzaban las manos para sostener todas las copas que ganaba”, cuenta con emoción.
La Asociación Argentina de Criadores de Limousin fue la primera entidad constituida fuera de Francia y hoy busca ampliar su llegada a más productores, especialmente a través de los beneficios de los cruzamientos. “Tenemos que difundir el cruce con Limousin. El criador argentino es muy River / Boca, es muy difícil sacarlo de las razas clásicas, pero es nuestro desafío promover que animen a una raza que está en crecimiento”, plantea su vicepresidente.
Apasionada por las virtudes de la raza Limousin, para Silvina Martínez continuar el camino de su padre no significa solamente conservar una tradición familiar: significa seguir mejorando, abrir nuevas oportunidades y demostrar que aquella raza que su padre trajo desde Francia todavía tiene mucho futuro por delante en el campo argentino.
Por Paola Papaleo
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