Agricultura Regenerativa
28/01/26
Agricultura en el NEA: Los 2 nutrientes que no se sabía estaban faltando
En una zona donde casi no hay análisis de suelos ensayos de Aapresid muestran el rol de algunos micronutrientes en maíz, soja y algodón. Por Aapresid
La fertilización en el norte argentino tiene todavía mucho de “caja negra”. En general no se analizan nutrientes como fósforo, y mucho menos de micronutrientes. Con muy poca información local, las decisiones de fertilización se basan en esquemas históricos, sin considerar la variabilidad entre lotes y campañas.
Esto es especialmente relevante en suelos donde el pH, la materia orgánica y la historia agrícola condicionan fuertemente la disponibilidad real de nutrientes. Así, las deficiencias pasan desapercibidas y el sistema resigna potencial de manera silenciosa.
En este escenario, un grupo de productores del norte de Santiago del Estero fundó la Chacra Aapresid La Paloma, que trabaja junto a los especialistas Octavio Caviglia, de CONICET, Prieto, Berton, Luna y Druetta de INTA, para alcanzar una producción sustentable. Entre otras estrategias, lo hacen ajustando la nutrición en cultivos como maíz, soja y algodón.
Uno de los primeros pasos fue la toma de 224 muestras de suelo para analizar variables como pH, Materia Orgánica (MO), textura y nutrientes.
Micronutrientes: la gran sorpresa
Los muestreos encendieron las alarmas sobre 2 micronutrientes clave: Boro (B) y Zinc (Zn). Según los especialistas, el umbral de respuesta a Boro se encuentra entre los 0,5 y los 0,76 ppm (dependiendo del compuesto con que se realice la determinación), y a Zinc entre 1 y 1,1 ppm segun sea para maíz o soja, respectivamente.
En el caso del B, el 25% de los puntos analizados presentaron valores iguales o menores al umbral, con mínimos de 0,4 ppm. En Zn la situación es aún más compleja, con valores iguales o menores al umbral en el 95% de los puntos relevados, con mínimos de 0,2.
Este panorama da indicios de respuestas contundentes al agregado de estos micronutrientes.
Nutrición foliar: por qué y cuándo puede ser una buena estrategia

En 2025, el grupo ensayó aplicaciones foliares de estos micronutrientes, y en el caso del B encontraron respuestas de hasta 300 kg/ha (+12% de rinde) en maíz. Si bien los resultados no fueron generalizados, dejaron varias puntas para seguir investigando.
“Suponemos que el B actuó mejorando la eficiencia en el uso de las precipitaciones posteriores a su aplicación (en floración) en un cultivo que tuvo poco desarrollo de raíces por falta de agua en las primeras etapas. Esto nos anima a seguir probando la aplicación foliar de micronutrientes como estrategia para suplir carencias en cultivos con crecimiento inicial limitado”.
Otra de las puntas tiene que ver con el rol de las condiciones ambientales y del cultivo al momento de la aplicación sobre la respuesta final. “Creemos que en los casos donde se vio respuesta en rinde, la aplicación foliar del micronutriente coincidió con condiciones de temperatura y humedad suficientes para su correcta absorción y movilidad”.
Más allá de estas cuestiones, la Chacra empieza a entender que los micronutrientes no son “finos ajustes de lujo”, sino una herramienta para estos sistemas donde los techos productivos están limitados por la nutrición.
Fósforo: ¿seguimos dándolo por sentado?
Si bien el P no suele considerarse limitante en la región, los ensayos también revelaron que existe una proporción de lotes donde sería esperable encontrar respuesta a la fertilización y/o donde debería comenzar a reponerse para no caer por debajo de la “zona de confort”.
Por Aapresid
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