Ganadería

28/10/26

Cómo llevar más rápido las vacunas veterinarias del laboratorio al mercado

Nuevas vacunas, productos biológicos y herramientas diagnósticas abren oportunidades para la salud animal. En Crossing Over Latam, el INTA compartió su experiencia en maduración y transferencia de tecnologías, un proceso clave para reducir riesgos y facilitar la adopción de desarrollos por parte de las empresas.

Transformar un resultado de investigación en un producto veterinario requiere mucho más que demostrar que una tecnología funciona. Conocer sus rendimientos, evaluar cómo producirla a mayor escala y anticipar las inversiones necesarias son pasos fundamentales para que una innovación llegue al mercado. Sobre estos desafíos expuso Andrés Wigdorovitz, director de INCUINTA, en la charla “El futuro de la biotecnología veterinaria”, de la que también participaron Jorge Winokur —Vetanco— y Josefina Correa —Xeptiva, Uruguay—, en el marco de Crossing Over Latam.

El encuentro reunió las miradas del sector público, la industria y el ámbito emprendedor para abordar las transformaciones en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades animales. Desde INCUINTA, el foco estuvo puesto en cómo reducir la brecha entre la investigación y su aplicación productiva.

“Lo que nosotros quisimos hacer desde lo público fue empezar a trabajar sobre los puntos críticos”, explicó Wigdorovitz. Ese trabajo implica acompañar la maduración de los desarrollos con ensayos y capacidades experimentales que permitan resolver, antes de la transferencia, parte de las incertidumbres que enfrentará una empresa.

Para ello, el equipo evalúa las plataformas de producción, cuantifica rendimientos y analiza las posibilidades de escalado. También considera la disponibilidad de células, los posibles conflictos de propiedad intelectual, la factibilidad de uso y las alternativas tecnológicas.

“Si vamos a fabricar proteína, ya sabemos cuánto nos rinde el fermentador, qué tipo de células usar”, ejemplificó el investigador. A esa información se suman los tiempos de desarrollo, las necesidades de inversión y la capacidad de aumentar la producción.

El objetivo es avanzar con pruebas de concepto hasta niveles cercanos a TRL 5, una instancia de madurez tecnológica que contempla la validación en un entorno relevante. De este modo, cuando una startup o una empresa adopta el desarrollo, dispone de información experimental para tomar decisiones y afrontar el proceso con menor riesgo.

Innovar al ritmo de las nuevas tecnologías
Para Wigdorovitz, la medicina veterinaria avanza hacia intervenciones cada vez más focalizadas y procesos de desarrollo más rápidos. Esta transformación plantea desafíos tanto para los equipos de investigación como para las empresas y los organismos regulatorios.

“Los grandes desafíos están en nuestra capacidad de adopción y en la parte regulatoria”, señaló. La velocidad de los cambios obliga a revisar los tiempos de investigación, maduración y transferencia: una demora puede hacer que una tecnología pierda competitividad antes de llegar al mercado.

Desde esta perspectiva, acelerar los procesos también resulta determinante para atraer inversiones. El desafío consiste en acompañar la innovación con evaluaciones regulatorias que mantengan las garantías de seguridad y respondan a las características de las nuevas herramientas.

“El desafío desde lo público es poder ir a esa velocidad”, sostuvo Wigdorovitz, quien destacó la necesidad de trabajar sobre ambos aspectos: la capacidad de respuesta tecnológica y los tiempos que requiere su llegada a los usuarios.

Experiencias que llegaron al mercado
La trayectoria de INCUINTA incluye desarrollos que permiten mostrar cómo se recorre ese camino. Uno de ellos es el kit diagnóstico para anemia infecciosa equina, utilizado en controles sanitarios vinculados con la exportación de caballos y con alrededor de doce años de presencia en el mercado.
En este caso, el desarrollo se originó en el Instituto de Virología del INTA y avanzó mediante un trabajo de validación, preparación a escala y llegada al mercado junto con INTeA. “Ahí aprendimos ese camino”, recordó Wigdorovitz.

Otra experiencia es la plataforma de producción de anticuerpos en yema de huevo, que permitió desarrollar un producto biológico para la diarrea de los terneros. Según el investigador, lleva seis años de comercialización y supera las 30 toneladas vendidas. El trabajo continúa con una nueva generación del producto que incorpora cobertura frente a otra enfermedad.

A estos casos se suma una vacuna contra la diarrea bovina, originada también en el Instituto de Virología, madurada en INCUINTA y transferida a Bioinnovo para avanzar con el registro y la producción. De acuerdo con Wigdorovitz, lleva cinco años en el mercado y lidera su segmento.

Estas experiencias formaron parte del intercambio en Crossing Over Latam y mostraron cómo la articulación entre investigación pública y empresas puede convertir el conocimiento en herramientas concretas para la salud animal.

Fuente INTA

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