La ganancia genética del sorgo viene creciendo consistentemente: en los últimos años, ha incorporado más de 70 kilos de grano por hectárea por año, lo que permitió alcanzar rindes de más de 15.000 kilos por hectárea en la Argentina.Sin embargo, el rendimiento promedio del cultivo en el país ronda los 3.500 kilos, incluso por debajo de los cerca de 5.000 que promediaba hace 15 años. ¿Por qué, si el potencial genético avanzó de manera tan significativa, los rindes usuales no acompañaron esa evolución? La explicación tiene varios factores, pero uno de los principales es el manejo. La expansión del maíz y la soja que impulsaron los precios internacionales en distintos períodos redujo el área destinada al sorgo, que, en muchos casos, pasó a ocupar ambientes de menor potencial y recibió menores niveles de inversión y manejo, especialmente en fertilización. Para capturar el potencial de la genética disponible, el manejo resulta clave: respetar las ventanas de siembra, reducir la densidad de siembra cuando las condiciones lo permitan, considerar el carryover de herbicidas en el suelo, ajustar las fechas de cosecha son decisiones que pueden marcar una diferencia significativa. En particular, evitar que el sorgo quede relegado al final de la ventana de siembra le permite expresar mejor su potencial productivo. La campaña 2026/27 presenta una oportunidad para mejorar los rindes. Por razones agronómicas, económicas y estratégicas, muchos productores están volviendo a incorporar sorgo en sus planteos: además de por su rendimiento en grano, por su valor en lo que aporta a la rotación, a la mejora de la estructura y estabilidad del suelo y a la sustentabilidad del sistema productivo. Por otra parte, en el actual escenario de producción de cultivos de verano, el sorgo aparece como una alternativa para pensar sistemas más diversificados y estables, ya que no es hospedante de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis). El cultivo también está teniendo un rol creciente en los sistemas ganaderos. Los sorgos destinados a forraje y silaje permiten producir importantes volúmenes de biomasa y presentan buena adaptación a diferentes ambientes, lo que amplía sus posibilidades de uso. En paralelo, la innovación genética continúa avanzando, con la incorporación de entre 65 y 70 nuevos híbridos por año, que amplían las alternativas para distintos ambientes y objetivos productivos. Entre los principales avances se destacan las tecnologías de tolerancia a herbicidas, como las basadas en imidazolinonas, incluyendo iGrowth, Suron y Palladium; la tolerancia al pulgón amarillo, y las mejoras en digestibilidad y calidad para silaje, incluyendo materiales BMR (brown mid rib o nervadura marrón) y nuevas generaciones de híbridos. El desafío de la campaña 2026/27 es transformar el potencial genético en rendimiento, rentabilidad y mayor valor para los sistemas productivos. Con genética adecuada y un manejo más preciso, el sorgo tiene la oportunidad de recuperar productividad y consolidar su lugar como una alternativa estratégica para la agricultura y la ganadería argentina.