Un estudio en Carlos Casares revela el impacto de las labranzas ocasionales sobre la presión de malezas en lotes con más de 20 años en directa.Una investigación reciente puso en jaque una creencia cada vez más extendida en el Agro: que la labranza ocasional puede ser una herramienta útil para controlar malezas en sistemas de siembra directa de larga data. Tras dos décadas sin tocar el suelo, investigadores de FAUBA y de la Universidad de Clemson (USA) liderados por los especialistas Fernando Oreja y Elba de la Fuente evaluaron qué pasa cuando se interrumpe la siembra directa con un pase de rastra. ¿El resultado? Las malezas siguen ahí. Y las más problemáticas, también. El estudio, realizado en un lote con más de 20 años de siembra directa continua en Carlos Casares, mostró que la labranza ocasional sólo redistribuye las semillas de malezas presentes en el perfil del suelo, sin reducir significativamente su riqueza ni su abundancia. En otras palabras, cambiar el sistema, no cambió el problema. Malezas: se desactivan con “un pase de disco” Aunque hubo cambios en la distribución vertical del banco de semillas –se movieron de la capa superficial a las más profundas–, las especies difíciles, como Amaranthus hybridus, Echinochloa sp. o Eleusine indica, se mantuvieron estables. Especies resistentes, que ya son un dolor de cabeza para muchos productores, siguieron emergiendo sin importar el tratamiento. Además, la mayor parte de las semillas se concentraron en los primeros 5 centímetros del suelo, tanto con siembra directa como con labranza. Y muchas especies no mostraron respuesta significativa a la remoción del suelo. El mensaje es claro: las malezas no se desactivan con un pase de disco.

FOTO. Investigadores de FAUBA y de la Universidad de Clemson evaluaron qué pasa cuando se interrumpe la siembra directa con un pase de rastra.