Superadas las restricciones climáticas de años anteriores, se esperaba que 2025 marcara el inicio de una fase de retención. Sin embargo, los datos oficiales de faena aun no confirman este escenario. La faena anual alcanzó 13,6 millones de cabezas, lo que representa una reducción interanual de apenas un 2,5%.
Considerando un stock inicial de 51,6 millones de cabezas, la tasa de extracción se ubicó por encima del 26%. Si bien este indicador muestra una leve caída frente a los dos últimos ciclos, permanece en niveles cercanos a los umbrales de equilibrio. Si el número de terneros nacidos anualmente se mantiene estancado entre 14,5 y 15,0 millones de cabezas, los ingresos al sistema representan, como máximo, el 28% del stock. En este contexto, una tasa de extracción por faena del 26% o 27%, sumada a la mortandad natural del rodeo —que, según las condiciones, puede fluctuar entre 1 y 3 puntos porcentuales adicionales— conduce a un balance claramente deficitario del stock. Aun así, el punto central no pasa por reducir la tasa de extracción. Por el contrario, el desafío es generar las condiciones para que esta tasa pueda ser incluso más elevada, sin que ello produzca efectos adversos sobre el rodeo nacional. De hecho, países como Estados Unidos y Australia operan con tasas de extracción considerablemente más altas, cercanas al 35%. Esto es posible no solo porque presentan mayores tasas de procreo y destete, sino también porque logran una mayor productividad por cada animal enviado a faena. Animales más pesados y con mejores tasas de conversión permiten una relación más eficiente entre el nivel de faena y la producción de carne en función del stock disponible. En este sentido, los datos de faena y producción del último año muestran para nuestro país un indicador relevante. En 2025, por segundo año consecutivo, se registró una recuperación gradual de los pesos medios de faena, junto con un mayor ingreso de animales más jóvenes, tanto machos como hembras. Entre enero y diciembre de 2025, la producción total de carne alcanzó 3,14 millones de toneladas de res con hueso. Sobre un total de 13,6 millones de cabezas faenadas, el peso promedio por res superó los 231 kilos, lo que representa 3 kilos más que en 2024 y 5 kilos más que en 2023. Al mismo tiempo, se observó un incremento en la faena de animales de dos dientes dentro de las categorías jóvenes, tanto en vaquillonas como en novillos y novillitos. En los últimos dos años, su partición aumento entre 1 y 2 puntos porcentuales, con una recuperación de entre 3 y 4 kilos promedio en el peso de res. Estos resultados reflejan un cambio alentador en los sistemas de producción, impulsado en gran medida por el rol creciente de los procesos de recría. Algo similar está ocurriendo en Uruguay. Un análisis del consultor uruguayo Eduardo Blasina destaca que en 2025 el país registró una disminución en la edad de faena, al mismo tiempo que se lograron animales más pesados. Según su evaluación, este proceso ya puede considerarse tendencial y podría profundizarse en los próximos años. De manera categórica, el análisis señala que este cambio tiene una base clara: mayor uso de grano, mayores ganancias de peso y una relación insumo/producto ampliamente favorable. En efecto, este es uno de los factores clave que puede acompañar favorablemente esta tendencia. Si se confirman las estimaciones para el presente año, Argentina alcanzaría una cosecha récord de maíz, superior a 62 millones de toneladas, según la Bolsa de Comercio de Rosario, frente a las 50 millones de toneladas obtenidas en el ciclo previo. Este escenario se da, además, en un contexto de abundante oferta mundial, recientemente confirmada por el USDA. En la actualidad, por cada kilo de animal terminado, el feedlot puede reponer más de 15 kilos de grano, lo que representa una capacidad de compra superior en más del 30% al promedio histórico. Este escenario de buenos precios de la hacienda y amplia disponibilidad de granos parece seguir alentando los procesos de conversión a corral. Sin embargo, lejos de plantearse una disyuntiva entre pasto o grano, la ganadería argentina parece haber ingresado en una etapa de complementariedad, en la que ambos sistemas conviven y se integran de manera casi perfecta. La consolidación de las recrías a campo, como paso previo a la terminación a corral, ya se refleja claramente en los indicadores productivos. En 2025, más del 76% de los terneros y terneras que salieron de los campos de cría fueron destinados a otros establecimientos, donde continuaron la recría fuera de los corrales, un porcentaje que ha crecido de forma sostenida durante los últimos tres años. Al mismo tiempo, los feedlots muestran una participación creciente y sostenida en la oferta de animales destinados a faena. En 2025, el aporte de los corrales explicó el 33% de la faena total, frente al 32% en 2024 y al 30,6% en 2023. En definitiva, todo parece encaminarse hacia la consolidación de sistemas productivos más estables, con un adecuado complemento entre campos y corrales y un objetivo común claramente definido: aumentar la producción de carne por cada animal que integra el stock. En períodos de retención, como los que se espera observar en los próximos años, el número de vientres útiles y su participación dentro del rodeo total deberían tender a incrementarse. Si este proceso se desarrolla sin retrocesos significativos y con una leve mejora en la tasa de procreo, la disponibilidad de terneros para compensar la extracción será mayor. Y si, en paralelo al aumento en la producción de terneros, se logran afianzar estos cambios en los sistemas productivos, orientados a reducir los períodos de engorde y a incrementar los kilos obtenidos por animal en stock, la ganadería argentina quedará sólidamente posicionada para avanzar hacia su tan anunciado despegue.
Fuente ROSGAN