Biocarbón: Del residuo forestal a alternativa clave para mejorar suelos y rendimientos de cultivos
Ensayos en Santiago del Estero muestran el potencial agrícola de la carbonilla, un subproducto del carbón vegetal que impulsa la economía circular y mejora la productividad.
En la búsqueda de sistemas productivos más eficientes y sustentables, el biocarbón comienza a posicionarse como una alternativa concreta dentro del agro argentino. A partir de residuos de la carbonización de madera, principalmente la carbonilla, esta tecnología permite transformar un desecho con escaso valor comercial en un insumo estratégico para mejorar la calidad del suelo y el rendimiento de los cultivos. Durante 2024 se llevaron adelante las primeras evaluaciones en la provincia de Santiago del Estero desarrolladas en el Campo Experimental Ing. Francisco Cantos del INTA Santiago del Estero.

El equipo de trabajo que lleva adelante la investigación sobre las oportunidades y beneficios del biocarbón está conformado por el Ing. Agr. Msc. Patricio Savino, la Ing. Agr. Msc. YesicaGramajo Domínguez, el Lic. en Química Emilio Abel Azar y el Ing. Forestal Gonzalo de Bedia, quienes desarrollan sus actividades en el marco de estudios orientados a mejorar la productividad y sustentabilidad de los sistemas agropecuarios.
Santiago del Estero es el segundo mayor productor de carbón vegetal del país y genera importantes volúmenes de subproductos. Con una media anual en el orden de las 94 mil toneladas entre los años 2009 y 2017, la carbonilla (el material más fino de diámetro menor a 2 cm que se genera durante el proceso de carbonización y fraccionado empleando la tecnología de hornos media naranja tradicionales) representa entre 16 y 18% de la producción total, que actualmente cuenta con un destino comercial restringido a construcción civil como aislante térmico, fabricación de briquetas y comercio exterior. Se estima que, de este material, entre un 5% a 8% se genera durante el proceso de carbonización y extracción de carbón del horno y entre 9 a 11 % en el tamizado y embolsado, transporte primario y fraccionado a bolsas comerciales de menor volumen en planta de acopio y remanufactura. “Esto genera en el orden de las 15.948 toneladas de carbón que se desperdicia, por no contar en muchos casos, con una buena gestión de residuos, generando pérdidas económicas y riesgos ambientales como incendios o contaminación”, indica Gonzalo de Bedia.
Frente a este escenario, el biocarbón surge como una solución que integra productividad y sostenibilidad. “Favorece la economía circular. Al hacer incorporación de carbono al suelo, y ayuda a disminuir las emisiones de carbono. Deja de ser un residuo y se afianza como un subproducto”, señaló de Bedia.

Una enmienda biológica con impacto en el suelo
El proceso consiste en moler la carbonilla hasta obtener un polvo fino que pueda incorporarse homogéneamente al suelo. Luego, se activa mediante la combinación con desechos orgánicos como estiércol, pasto o melaza, interacciones biológicas con agentes y elementos del suelo y ambiente, lo que potencia sus beneficios biológicos.
“El biocarbón mejora la calidad del suelo y el rendimiento de cultivos”, destacó de Bedia. Entre sus principales beneficios agronómicos resaltan la mejora de la estructura del suelo; mayor retención de humedad (clave en contextos de sequía); incremento de la actividad microbiana; y mayor disponibilidad de nutrientes. Además, su composición rica en carbono, fósforo, potasio y otros elementos químicos, lo convierte en una enmienda de base biológica con alto potencial productivo.
Uno de los aspectos más destacados es su capacidad para actuar como un “imán de nutrientes”, evitando pérdidas y optimizando su aprovechamiento por parte de los cultivos.
De problema ambiental a oportunidad productiva

El desarrollo del biocarbón no solo aporta beneficios agronómicos, sino que también abre una nueva oportunidad económica para las regiones forestales. Actualmente, miles de familias dependen de la producción de carbón vegetal a pequeña escala. “Solo en zonas aledañas a la ciudad de Monte Quemado, Departamento Copo en Santiago del Estero, alrededor de 800 familias se dedican a la producción del carbón”, remarcó de Bedia, quien subrayó el potencial de esta innovación para generar valor agregado en origen.
En este sentido, avanzar en su innovación tecnológica como la estandarización, estabilidad funcional, formas eficientes de presentación y comercialización como el pelletizado o la briquetización, serán clave para su adopción masiva.
Una tecnología con futuro
Si bien aún se encuentra en una etapa de desarrollo del producto, los resultados iniciales del biocarbón son alentadores. “Creemos que es una vía muy promisoria del uso del carbón”, concluyó de Bedia.
Con el doble desafío de aumentar la productividad y reducir el impacto ambiental, el biocarbón se perfila como una herramienta estratégica para el agro, permitiendo transformar residuos en recursos, mejorar los suelos y fortalecer un modelo de producción basado en la economía circular.
Por Paola Papaleo
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