Biopellet: Una innovación que transforma residuos agroindustriales en biofertilizantes de alto valor

Biopellet: Una innovación que transforma residuos agroindustriales en biofertilizantes de alto valor

Investigadores del INTA San Juan y del Conicet desarrollaron un biofertilizante pelletizado elaborado a partir de compost local que promueve el modelo de economía circular.

La gestión y conservación del suelo se ha convertido en uno de los principales desafíos de la agricultura moderna. En este contexto, un equipo de investigación del INTA San Juan y el Conicet desarrolló Biopellet, un biofertilizante pelletizado que combina compost local, nutrientes esenciales y microorganismos nativos, bajo un modelo de economía circular orientado a mejorar la fertilidad del suelo y la productividad de los cultivos. “Nuestro objetivo es transformar un pasivo ambiental en un insumo estratégico para la producción”, explica Luis Bueno, investigador del INTA San Juan y referente del equipo, que lleva más de diez años de trabajo continuo en la gestión sostenible del suelo. “La agroindustria tiene un gran problema con todos los residuos que genera, sobre todo la olivícola y la vitivinícola. Empezamos a trabajar con el agregado de los subproductos al suelo para ser utilizados como biofertilizante natural. Con el tiempo pasamos al compostaje hasta llegar al desarrollo de biopellet”, agregó.

Del residuo a insumo con valor agregado

El punto de partida del desarrollo fue una problemática concreta de la agroindustria regional: la gran cantidad de residuos generados, especialmente por los sectores olivícola y vitivinícola. “Empezamos trabajando con el reúso de los residuos agroindustriales para transformarlos en subproductos. Primero los incorporamos directamente al suelo, luego avanzamos hacia el compostaje y, finalmente, llegamos al desarrollo del biopellet”, detalla Bueno y agrega que, para darle un mayor valor agregado, la innovación fue incorporarle microorganismos esenciales para la biología del suelo.

En San Juan, cultivos intensivos como el tomate demandan suelos de alta calidad. En ese marco, el agregado de materia orgánica proveniente de desechos de otras industrias y del Parque Tecnológico Ambiental del gobierno de San Juan, favorece la estructura, mejorando la productividad de los suelos a largo plazo. Pero el desafío era responder también a las deficiencias inmediatas de la tierra.

A partir de la experiencia local y del análisis de modelos europeos, el equipo identificó la necesidad de optimizar el compost tradicional. Así nació un producto que llamaron órgano-mineral, al que se le incorporan nutrientes esenciales y un mix de microorganismos nativos. “Al compost le agregamos nutrientes de forma externa y, junto con los biólogos del equipo, desarrollamos un pellet enriquecido microbiológicamente. Estos microorganismos mejoran la descomposición de la materia orgánica, favorecen la absorción de nutrientes y contribuyen a regular el pH del suelo”, señala el investigador.

El proceso de pelletizado aporta, además, una ventaja logística clave: comprime el material hasta en un 20% y reduce su humedad, facilitando el embolsado, el transporte y la aplicación en el campo.

Una solución integral para el suelo

El resultado es un biofertilizante que actúa tanto a corto como a largo plazo. “Con el biopellet tenemos una solución integral: un aporte inmediato de nutrientes y, en el tiempo, una mejora sostenida del suelo gracias a la materia orgánica y los microorganismos”, resume Bueno.

Validado en ensayos a campo con cultivos como tomate, vid, forrajes y hortalizas, el Biopellet mejora la estructura del suelo, incrementa la disponibilidad de nutrientes y se traduce en mayores rendimientos. Además, se presenta como una alternativa más accesible y sustentable frente a los fertilizantes químicos y al uso de estiércol crudo, que puede resultar contaminante.

Escalamiento y proyección comercial

Según estimaciones del INTA, el mercado inicial de Biopellet en la región de Cuyo supera las 345.000 hectáreas con potencial de adopción inmediata. El proyecto, sin embargo, apunta a una escala mayor.

En 2025, la iniciativa fue reconocida en un concurso tecnológico de la provincia de San Juan, que aportó 15 millones de pesos que serán utilizados para sentar las bases de una empresa de base tecnológica. El plan contempla el desarrollo de una marca propia y una primera producción a pequeña escala destinada a viveros ornamentales, con el objetivo de aumentar progresivamente el volumen y llegar a grandes productores. 

Además, para llegar de manera más eficiente al productor se incorporó un economista al equipo y se encuentran avanzando en conversaciones con Fundación ArgenInta para adquirir maquinaria que les permita ampliar la escala. Las proyecciones indican una producción de 5 toneladas en 2026, 20 toneladas en 2027 y hasta 40 toneladas en 2030.

Fertilidad, sostenibilidad y futuro

Entre sus principales ventajas, el Biopellet mejora la calidad física del suelo, lo vuelve más esponjoso, aumenta la retención de agua y aporta nutrientes en el momento justo gracias al agregado microbiológico. A su vez, facilita la logística y la aplicación en campo, un aspecto clave para la adopción por parte de los productores.

Buscando mejorar aún más este desarrollo, el equipo se prepara para trabajar en formulaciones específicas, adaptadas a distintos cultivos y condiciones. Así, Bueno adelanta que prevén desarrollar “biopellets con mayor contenido de potasio para favorecer la maduración de frutos o con fósforo para aplicaciones en presiembra”.

Por Paola Papaleo

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