Cabaña San Isidoro, faro de innovación genética y pasión por las Hampshire Down

Cabaña San Isidoro, faro de innovación genética y pasión por las Hampshire Down

Ubicado en suelo entrerriano, este establecimiento revolucionó la ganadería ovina nacional mediante una histórica importación de embriones del Reino Unido. La historia de un proyecto familiar que prioriza la excelencia cualitativa de la raza Hampshire Down sobre la cantidad.

A 10 kilómetros de Urdinarrain, en la provincia de Entre Ríos, se erige la Cabaña San Isidoro, un establecimiento ganadero que ha transformado la producción ovina en la Argentina. 

El nombre del lugar proviene del campo original, una denominación que traía por herencia. Sin embargo, la historia de este proyecto comenzó de una forma completamente inesperada hace 32 años. Sus fundadores, los padres de Facundo Sánchez, decidieron dejar la vida en la Capital Federal inmediatamente después de casarse para radicarse en el campo entrerriano. Sin experiencia previa, el destino golpeó a su puerta cuando un vecino les ofreció la cabaña de Aberdeen Angus (bovina), dando inicio a una aventura rural que hoy continúa vigente.

El verdadero vuelco hacia el mundo ovino llegó unos años después, de la mano de la pasión infantil del propio Facundo. «Yo era chico, soy el hijo mayor, y mi viejo vio un incentivo en mí, en los ovinos. Yo siempre lo acompañaba a las exposiciones a los 5, 6, 7 años, y me iba al galpón de ovinos, y como que me fanatizaba ahí», rememora Sánchez. 

Impulsado por ese entusiasmo, su padre le compró las primeras ovejas de pedigree hace 25 años, comenzando «bien de abajo, con pocos animales y aumentando nuestras madres de a poco». 

La trágica pérdida de su padre cuando Facundo tenía solo 11 años no detuvo el sueño; la familia, liderada por él y su madre, y ahora con la incorporación de su hermano menor, siguió adelante con el negocio agropecuario. 

En 2019, la cabaña alcanzó un hito al debutar en la prestigiosa Exposición Rural de Palermo, logrando grandes resultados.

Excelencia genética

Hoy en día, San Isidoro maneja en simultáneo la cabaña bovina y la ovina. Mientras las vacas de cría se mantienen en campo de monte, a la costa del río Gualeguay, con una carga de un animal por hectárea; a los ovinos se los mantiene en piquetes, con entre ocho y diez cabezas por hectárea. 

Aunque hace cinco años incorporaron la raza Dorper para abastecer mercados específicos del norte del país debido a su excelente adaptación climática, Facundo es categórico respecto a su identidad productiva: «Nuestro corazón es Hampshire Down y para nuestra zona es la mejor raza».

El enfoque de la cabaña es estrictamente cualitativo, descartando la masividad para priorizar la pureza y los estándares internacionales. 

Sánchez detalla que el negocio se centra exclusivamente en la biotecnología: «Todo lo que realizamos es genético». Con un mercado cada vez más exigente, la estrategia cambió de rumbo hacia la sintonía fina: «En un momento la idea era agrandarnos, pero hoy el mercado se ha puesto más exquisito y elegimos hacer mejor calidad, ir mejorando nuestra calidad genética y no aumentando en cantidad». 

Actualmente, el establecimiento cuenta con un plantel de entre 120 y 150 hembras (en su mayoría puras de pedigree) y prepara anualmente entre 50 y 60 machos y hembras para exposición.

Un salto estratégico

La gran revolución de San Isidoro ocurrió en 2022, cuando la cabaña decidió arriesgarse con una importación histórica de seis embriones congelados directamente desde el Reino Unido, la cuna del Hampshire Down. «Estábamos entre comprar embriones o 20 pajuelas de semen. Elegimos los embriones para jugárnosla con un macho puro inglés, y lo logramos», explica con orgullo Sánchez. 

De esa importación nacieron tres hembras y un macho, el cual se convirtió en el único ejemplar 100% inglés en toda la Argentina y el actual padre del nuevo plantel.

Esta incorporación de material biológico extranjero representó un salto de calidad no solo para el establecimiento, sino para la ganadería ovina nacional. Sánchez resalta que el objetivo de importar embriones del Reino Unido fue «para darle un poco de oxígeno a la sangre, para abrir un poco de sangre y para trabajar en otra genética». Aclara además que este aporte viene a potenciar un escenario local que ya de por sí es sumamente competitivo: «El nivel que tenemos a nivel nacional dentro de la raza es muy, muy bueno en el orden mundial». Con estos embriones, la cabaña realiza cruzamientos selectivos con su plantel de madres y construye un núcleo genético británico puro sumamente cotizado.

En lo que se refiere al mercado, comentó que “en este momento no estamos pudiendo exportar, debido al scrapie (enfermedad neurodegenerativa, progresiva y fatal que afecta el sistema nervioso central de ovejas y cabras), por los casos que aparecieron este año en el país y se tuvieron que cerrar las exportaciones porque se nos cayó el estatus sanitario”.

A pesar de que las exportaciones se encuentran transitoriamente cerradas, la demanda internacional por la genética de San Isidoro sigue siendo altísima, consolidando a esta cabaña entrerriana como un verdadero faro de innovación y pasión ganadera. 

Por Pablo Salinas

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