Dos agrónomos resignifican su profesión y agregan valor a la producción desde su Escuela de Alimentos online

Dos agrónomos resignifican su profesión y agregan valor a la producción desde su Escuela de Alimentos online

Con foco en la calidad y seguridad alimentaria, El Nuevo Agro es una plataforma de formación técnica y mentoría para la elaboración de alimentos liderada por Marcela Caratozzolo y Jorge Moares, quienes dieron un vuelco a su profesión para aportar sus conocimientos al desarrollo de nuevos productos y emprendimientos.

Marcela Caratozzolo y Jorge Moares son dos ingenieros agrónomos que se animaron a salir del estereotipo del profesional que necesariamente debe estar en el campo, entre cultivos tradicionales, para llevar sus conocimientos a otro terreno: la formación de personas que elaboran alimentos para el autoconsumo o buscan convertir esa actividad en un emprendimiento. Desde 2018 están al frente de El Nuevo Agro, una Escuela de Alimentos que funciona como una plataforma de formación online que combina alimentos, educación, agregado de valor y tecnología.

Como especialista en Desarrollo Rural y Educación Ambiental, Marcela siempre tuvo particular interés por trabajar con pequeños productores. De hecho, su recorrido profesional incluyó experiencias junto a mujeres campesinas del norte argentino, donde participó en procesos que iban desde la recolección de algarroba hasta su transformación. «De formación soy agrónoma, pero de vocación soy educadora«, se define y afirma que esa combinación de intereses encontró su espacio en El Nuevo Agro.

Durante la pandemia, la necesidad de capacitarse a distancia hizo que muchas personas se acercaran a la propuesta y que el proyecto comience a consolidarse. A medida que incorporaban nuevos contenidos, también descubrieron que detrás de la pantalla había dos grandes grupos: quienes buscaban aprender a producir alimentos para el autoconsumo y pequeños emprendedores que necesitaban herramientas para desarrollar sus proyectos.

Junto a su marido Jorge, especialista en Gestión y Desarrollo, diseñaron una propuesta capaz de hablarle a ambos públicos con un diferencial en común: información técnica, pero explicada con distintos niveles de complejidad y acompañada de recursos prácticos. «Las herramientas fueron surgiendo por necesidad de la gente«, explica Marcela. Así aparecieron calculadoras desarrolladas por Jorge para estimar costos y precios, rendimientos de productos, tablas nutricionales y otros aspectos que pueden marcar la diferencia a la hora de transformar una receta en un producto viable.

Producir potenciando el desarrollo local

El universo de El Nuevo Agro no se limita a enseñar cómo elaborar un alimento. La propuesta busca que quienes participan comprendan todo el proceso: desde las técnicas y los instrumentos hasta la gestión, la comercialización y el consumo responsable. «Con un equipo de profesionales interdisciplinarios enseñamos a elaborar alimentos con criterio, seguridad y autonomía«, señala Marcela. Los cursos son asincrónicos, con acceso ilimitado al material, y se complementan con mentorías y programas de acompañamiento para quienes quieren avanzar en el desarrollo de alimentos y emprendimientos. El eje de la capacitación es la elaboración de alimentos seguros y cursos para emprender con conservas, mermeladas, licores, hongos, deshidratados y alimentos sin gluten. También sobre rotulado y tabla nutricional, control de procesos y calidad, higiene y saneamiento, marco regulatorio, gestión de compras y control de ingresos.

Los coordinadores de la plataforma fueron viendo cómo muchos alumnos pasaban a convertir el aprendizaje en un proyecto productivo. «Nos emociona ver cómo empiezan solo por curiosidad y luego termina toda la familia involucrada en un proyecto productivo«, relata.

Es allí donde aparece una de las dimensiones que más los moviliza: el desarrollo local. La formación técnica es el punto de partida, pero el objetivo es generar vínculos entre quienes producen y quienes elaboran, promover el trabajo colaborativo y fortalecer las economías de cercanía. «Intentamos contribuir desde nuestro lugar a que la gente comprenda de qué se trata el desarrollo local. Hacemos hincapié en vincular a un productor agroecológico con una elaboradora de la zona, por ejemplo. Focalizamos en el trabajo colaborativo y asociativo«, explica Marcela. También priorizan el concepto de kilómetro cero y tienen mapeada a su comunidad para favorecer esos vínculos.

Del conocimiento a la confianza

Detrás de cada alimento hay también una responsabilidad. Y ese es otro de los ejes que atraviesan la propuesta. En un contexto donde los consumidores quieren conocer cada vez más sobre lo que comen, quién lo produjo, cómo fue elaborado y qué ingredientes contiene, El Nuevo Agro busca que quienes emprenden comprendan la importancia de trabajar con criterios de calidad y seguridad alimentaria. «La gente cada vez es más consciente de lo que implica la calidad en un alimento y de los peligros que puede tener la elaboración inadecuada«, sostiene Marcela. Por eso, la capacitación aborda desde la calidad organoléptica hasta la seguridad alimentaria y las herramientas necesarias para producir de manera responsable.

La plataforma, que cuenta con una comunidad de más de 100 mil seguidores en Instagram, ya acompañó el surgimiento de emprendimientos como Amaranto (Flandria, Luján) o Atuelinas (Mendoza). Son ejemplos de cómo el conocimiento puede convertirse en una herramienta concreta para agregar valor a los alimentos y generar nuevas oportunidades laborales.

Marcela y Jorte se definen como dos perfiles diferentes y complementarios, socios en la vida y en el trabajo, que encontraron en El Nuevo Agro una manera de unir sus vocaciones: los alimentos, la educación, el agregado de valor y la tecnología. Reconocen que este recorrido significó cuestionar una mirada tradicional sobre su propia profesión, sin embargo, reafirman la elección de este camino que se transformó en “un espacio de desarrollo personal y profesional que día a día nos genera nuevos desafíos y nos motiva a seguir sumando propuestas”.

Por Paola Papaleo

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