El canto improvisado que mantiene viva la tradición

El canto improvisado que mantiene viva la tradición

Nicolás Membriani, oriundo de Rojas, provincia de Buenos Aires, es uno de los referentes actuales del arte del payador en Argentina. Con su guitarra y su talento para la improvisación, mantiene viva una tradición que forma parte de la identidad cultural del país.

El payador ocupa un lugar central en la tradición cultural argentina como figura de transmisión oral, identidad rural y expresión popular. Nicolás Membriani, con su guitarra y su capacidad de improvisar versos, encarna la voz del pueblo, relata historias, costumbres y sentimientos que reflejan la vida en el campo. En esta entrevista, comparte a Expoagro su visión sobre el rol del payador en la sociedad contemporánea, la vigencia de la poesía improvisada y el valor de transmitir, a través del canto, las raíces del campo y la voz del pueblo.

“Cuando era niño, escuchaba por las mañanas a payadores en Radio Universidad de La Plata o Radio San Nicolás”, recuerda el payador oficial del Festival de Doma y Folklore de Jesús María. Al ser consultado sobre la elección de este camino artístico, aclaró que no fue una decisión consciente: “Yo soy un convencido de la frase de Atahualpa que dice que la tierra señala a los elegidos no para la vanidad, sino para su sacrificio. Uno no encuentra el canto, el canto lo encuentra a uno”, resalta. Desde niño vinculado al folklore y la guitarra, Membriani comenzó a improvisar versos criollos alrededor de los 13 o 14 años, dando inicio a una trayectoria marcada por la tradición y el compromiso cultural.

Membriani sostiene que el rol del payador en la cultura contemporánea es “totalmente importante”, porque representa el primer canto de la tierra y un modo ancestral de comunicación heredado de juglares y rapsodas europeos. En su visión, los payadores fueron desde los orígenes de la patria mensajeros que iban “de pago en pago contando sus sucedidos y noticias”. Al mismo tiempo, afirma que se reconoce como un acérrimo tradicionalista, defensor de la figura del gaucho, pero también adaptado a los tiempos actuales: “Hoy uso redes y un teléfono para contarle a la juventud de qué se trata este canto tan antiguo y, a la vez, tan nuevo, porque improviso sobre una situación y hago nacer poesía en este preciso momento”.

El artista destaca que en el arte payadoril sus principales referentes han sido grandes amigos y leyendas vivientes como Jorge Alberto Socodato y Lázaro Moreno. Señala además que aprendió mucho compartiendo escenarios con figuras como el maestro uruguayo Uberfil en el floreo de la jineteada, y con Carlos Marchesini y Cristian Méndez, a quienes considera hermanos de camino. “Una persona que me marcó el sendero sin ser payador, pero que fue un cantor extraordinario de la llanura pampeana, mi maestro, mi amigo y mi padrino, Rodolfo Jiménez”, expresa, recordando también la influencia de Argentino Luna como referente indiscutido del canto criollo.

Sobre qué habilidades resultan fundamentales a la hora de ser un buen payador, Membriani señala que “amplio y fluido, incorporar léxicos continuamente  y un manejo adecuado de sinónimos y antónimos”, ya que el trabajo consiste en rimar palabras y cuanto más amplio es el repertorio, mayores son las posibilidades de improvisación. Además, subraya que “la técnica se da con la práctica y la memoria se ejercita”, destacando que todas estas son habilidades muy importantes para sostener el arte de la payada.

También habla sobre la importancia que tiene la  preparación previa a cada presentación, y destaca: “Siempre leo mucho para saber a qué pago vamos llegando, a qué ciudad, de qué se trata”. Para él, estudiar el mapa, observar el paisaje y recordar lo aprendido, son pasos esenciales que acompañan al payador en su recorrido y fortalecen la conexión con cada lugar y su gente.

Por último, Nicolás Membriani recuerda como un hecho histórico haber sido invitado por Argentino Luna al escenario mayor de Cosquín. “Eso fue alrededor del año 2009, yo tendría 19 años, y para mí fue increíble, majestuoso”, expresó. Subrayó también la importancia de llevar la payada a otros espacios de gran respeto y tradición, como la Plaza Próspero Molina, donde vivió uno de los momentos más significativos de su carrera.

Con su voz y su guitarra, el artista mantiene viva la tradición del payador y lleva un arte ancestral a los escenarios contemporáneos. Demuestra así que la improvisación sigue siendo un puente entre la memoria cultural y las nuevas generaciones.

Por Marizú Olivera Orquera

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