El fuego que une almas y el sueño de cocinar vestida de blanco
Anita Sánchez conquistó las parrillas, las redes sociales y tiene una historia de vida tan sabrosa como sus costillares. Oriunda de El Triunfo, un pequeño pueblo bonaerense, pasó de ser una cocinera amateur a convertirse en referente de un corte emblemático del asado argentino.
Para Anita Sánchez Costillares -como le gusta que la presenten-, el aroma a leña quemada no es solo el preludio de una comida, es un viaje directo a su niñez. “Todo comenzó cuando tenía apenas 7 u 8 años, observando a mi madre encender el fuego en casa”, cuenta a Expoagro. En ese entonces, comprendió que ese gesto simple transforma el ambiente en algo «diferente, distinto de alegría, de unión, de momentos», define. Esa chispa inicial la acompañó cuando, a los 20 años, se mudó a Buenos Aires, donde su amor por las brasas terminó de forjar su identidad como una auténtica apasionada del fuego.

Hoy, esa pasión traspasó fronteras de una manera que ella misma define como un «sueño cumplido». Un video suyo mostrando su arte frente a la parrilla alcanzó la impactante cifra de 42 millones de visualizaciones, atrayendo la atención de personas de todo el mundo. Ante tanto revuelo, Anita asegura que no se trata de un secreto oculto, sino de un legado: “Digo que es un don que me dejó mamá, esto de poder hacerlo de blanco y no ensuciarme”, confiesa sobre su impecable estilo al cocinar, buscando que cada servicio sea «tan perfecto y mágico en ese momento».
Sin embargo, el camino hacia este éxito no fue un salto impulsivo. Anita transitó una carrera de 28 años en su empleo anterior antes de decidir que era momento de dar un paso al costado. Tomó impulso y pidió un año de licencia para probar suerte con su emprendimiento personal, «Anita Sánchez Costillares», un proyecto al que le dedica toda su energía y que describe con profunda emoción: “Digo que es el hijo que no tengo y que quiero ver crecer; para eso debo poner todo de mí y mi mejor versión”.

Su talento la llevó a cocinar en escenarios internacionales como Italia. Durante su estadía en la región de Abruzzo, trabajó con los mejores proveedores locales, confirmando su teoría de que la calidad de la carne depende más del productor que del país de origen. Para ella, no importa si es en Argentina o en el exterior, el objetivo final es siempre el mismo: «unir almas y sumar momentos» a través de un costillar.
En cada festejo para el que es contratada, Anita siente que se produce un «dúo perfecto». El cliente pone el motivo de la celebración y ella pone su arte, convencida de que el fuego es el lenguaje universal de la unión.
Con una sonrisa la asadora de costillares concluye que vivir este proyecto le brinda una «felicidad total», y nos demuestra que nunca es tarde para avivar las brasas de la propia vocación.
Por Marizú Olivera Orquera
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