El futuro del maní argentino, industrialización y su valor agregado

El futuro del maní argentino, industrialización  y su valor agregado

Desde la localidad cordobesa de General Cabrera, Oscar Cavigliasso convirtió la tradición familiar manisera en una industria con marca propia que buscó la proyección internacional. Al frente de PRODEMAN, el empresario impulsa el agregado de valor con Maní King, la línea de productos que gana espacio en góndolas locales y en países limítrofes.

La industria del maní en Argentina -concentrada principalmente en el sur y centro de Córdoba -, atraviesa un momento de expansión y desafíos. Es el centro del país donde se produce más del 90% del cultivo y esta cadena agroindustrial se ha consolidado como un motor de desarrollo regional y un sector competitivo a nivel mundial.

Según un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, “en los últimos años, la superficie sembrada de maní alcanzó récords históricos, superando las 530.000 hectáreas y generando exportaciones por casi 950 millones de dólares, con destinos clave en Europa y Estados Unidos”. El análisis  remarca también que a pesar del vaivén en lo referido a la diversidad de costos de producción “El maní argentino se posiciona como un producto estratégico, con creciente valor agregado y un papel destacado en la diversificación agroindustrial del país”.

En diálogo con Expoagro, Oscar Cavigliasso detalla cómo transformó la tradición familiar manisera en PRODEMAN, firma que  exporta a 40 países y emplea a más de 600 personas. En tanto, mediante la marca Maní King, la empresa crece en el mercado interno y regional al sumar eficiencia y valor agregado al maní argentino.

Expoagro (E): ¿Qué motivaciones personales y familiares te llevaron a iniciar Prodeman junto a tus hermanos? 

Oscar Cavigliasso (O.C.): Comenzamos a trabajar con mis hermanos en una planta ubicada en el campo y fue en 1975 cuando empezamos a dedicarnos de manera más fuerte al maní. En 1978 construimos nuestra primera planta y comenzamos con la selección en origen. Luego de varios años de trabajo, empezamos a exportar. Un punto clave fue en 1988, cuando viajé por primera vez a Estados Unidos. Fue la primera vez que salía del país y esa experiencia me abrió la cabeza: entendí que para crecer necesitábamos otro tipo de infraestructura. Al volver, les planteé a mis hermanos que la planta no podía seguir en el campo y que debía trasladarse al pueblo, principalmente por cuestiones logísticas como el acceso al gas, el ferrocarril y los servicios. Así fue como en 1994 comenzamos a desarrollar la planta en General Cabrera.

E: ¿Cómo influyó tu experiencia como productor agropecuario en la visión y el rumbo inicial de Prodeman y cómo era el contexto agropecuario de la región en el momento en que decidieron fundar la empresa?

O.C: Cuando comenzamos, ya existían algunas plantas de selección en la región. Entre 1977 y 1978 vendíamos principalmente al mercado interno, pero rápidamente dimos el salto a la exportación, incluso desde nuestra planta en el campo, con destinos como Alemania. Viajar fue fundamental. A partir de 1994 comencé a ir con frecuencia a Estados Unidos, donde viajé unas veinte veces hasta 2002. Esa experiencia internacional nos permitió entender las exigencias de los mercados y anticiparnos. En 1996 ya estábamos operando con la nueva planta del pueblo y exportando desde allí. Incluso recuerdo que clientes alemanes querían visitar la planta anterior, pero preferimos mostrarles la nueva, que representaba el rumbo que queríamos para la empresa.

¿Qué legado creés que deja tu historia empresarial y familiar para las nuevas generaciones vinculadas al agro?

O.C: Nuestra historia es profundamente familiar. En 2008 nos dividimos societariamente con mis hermanos en muy buenos términos. En mi caso, una de mis mayores satisfacciones fue lograr que mis cuatro hijos trabajen en la empresa. Hoy, además, ya hay nietos y nietas que están estudiando y comenzando a involucrarse. PRODEMAN pasó de ser una empresa con un solo sector a tener más de veinte áreas distintas, lo que abre muchas oportunidades para las nuevas generaciones. Ese crecimiento, junto con el desarrollo humano y profesional de quienes forman parte, es el legado más importante.

¿Cuáles fueron y cómo impactó la incorporación de tecnología en el rendimiento y la calidad del maní producido?

O.C: La incorporación de tecnología comenzó a tomar fuerza luego de mi viaje a Estados Unidos en 1988, junto a un amigo relacionado al sector, quien fue clave en el desarrollo de semillas en los primeros años. En ese momento se sembraba principalmente maní colorado, pero empezamos a trabajar en nuevas variedades y semillas de mayor calidad. Ese proceso permitió mejorar significativamente los rindes, el tamaño del grano y la calidad del producto. Gracias a eso, hoy el maní argentino es reconocido como uno de los mejores del mundo. Un ejemplo claro es la pasta de maní argentina, que es muy valorada en mercados como Estados Unidos por sus características diferenciales frente a la que producen ellos.

¿Qué importancia tiene la exportación de maní argentino y cómo se posicionó tu empresa en ese mercado?

O.C: La exportación fue clave desde el inicio. Viajé durante muchos años, cinco o seis veces por año, principalmente a Europa, para posicionar tanto la marca como el maní argentino. Con mucho esfuerzo logramos consolidarnos en mercados exigentes, destacándose por la calidad del producto. Hoy PRODEMAN ya tiene entre un 30% y 35% de su producción como producto terminado: maní cocido, procesado y con mayor valor agregado. Estamos desarrollando una nueva planta, que, en unos años, podría permitirnos llegar al 100% de producción de productos terminados, acompañando las tendencias del mercado internacional.

¿Qué aprendizajes te dejó la transición de productor agropecuario a empresario agroindustrial en el rubro manisero? 

O.C: Fue un proceso de adaptación permanente. Yo me formé en el campo, con la ganadería y luego con el maní colorado destinado al aceite. Pasé por distintas etapas y sectores, cambiando de rol varias veces según las necesidades del momento. Cuando me mudé definitivamente al pueblo en 1995, dejé atrás una vida entera en el campo. Fue una decisión muy difícil desde lo emocional, pero necesaria para el crecimiento de la empresa. Entendí que había que cambiar para avanzar y para el bien de todos.

¿Qué perspectivas ves para el futuro del maní argentino en términos de producción y competitividad global? 

O.C: La producción hoy está funcionando bien, pero el futuro no está solo en aumentar volumen, sino en industrializar. Los productos terminados permiten regular mejor los mercados y evitar las fuertes fluctuaciones de precios. El mundo demanda cada vez más alimentos listos para consumir, y ahí está la gran oportunidad del maní argentino. Productos como la pasta de maní crecieron enormemente tanto en el mercado interno como en la exportación.

Por Marizú Olivera Orquera

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