“Las historias del campo muestran resiliencia y enseñan a no bajar los brazos”
Nanette Giovannelli, presidenta de CAPA, reflexiona sobre la transformación del periodismo agropecuario, el rol de las mujeres en el sector y la importancia de contar las historias humanas detrás de la producción.
Con más de tres décadas vinculada al periodismo agropecuario, Nanette Giovannelli se convirtió en una de las voces más reconocidas del sector. Actualmente, como presidenta del Círculo Argentino de Periodistas Agrarios (CAPA), impulsa una mirada más humana, diversa y cercana sobre el agro argentino. En diálogo con Expoagro repasa sus comienzos, los cambios que atravesó la comunicación agropecuaria y los desafíos que aún enfrentan las mujeres dentro de un ámbito históricamente masculino.
Giovannelli recordó que su llegada al periodismo agropecuario fue casi inesperada. “Nunca tuve vínculo con el campo antes de empezar a cubrir el sector agropecuario. Yo trabajaba en el ámbito financiero y surgió la oportunidad de pasar al suplemento campo. Ahí empecé a aprender todo lo referente al sector agropecuario”, cuenta. Y agrega: “Desde mediados de los años 90 hasta ahora nunca más me desvinculé porque aprendí a quererlo. Es un mundo apasionante”.

A lo largo de su carrera, asegura que una de las enseñanzas más profundas que le dejó el agro argentino fue la capacidad de resiliencia de sus protagonistas. “Las historias que hay detrás de la producción muestran mucha lucha, mucho esfuerzo y mucha pasión. La gente de campo te enseña que no está permitido bajar los brazos”, afirma. “Más allá de todo lo que pase, siempre hay que seguir luchando”.
En 2026, Giovannelli se convirtió en la tercera mujer en asumir la presidencia de CAPA, una institución que este año cumple 70 años. Para ella, el desafío tiene un fuerte significado profesional y personal. “Es una gran responsabilidad sostener y hacer crecer una entidad histórica como CAPA para dejarla a las nuevas generaciones”, expresa. “Todo el trabajo que hacemos en la comisión directiva es completamente desinteresado y eso también le da un valor muy especial”.
Consultada sobre la evolución del periodismo agropecuario, destacó que los cambios tecnológicos modificaron por completo la forma de comunicar. “Antes le hablábamos exclusivamente al productor. Hoy también le hablamos al consumidor, que quiere saber cómo se producen los alimentos que consume”, explica. “Cambió el relato, cambiaron los medios y también cambió la manera de contar el campo”.
En ese sentido, señala que las redes sociales y las plataformas digitales permitieron que los periodistas construyan su propia marca personal. “Pasamos de ser empleados exclusivos de un medio a convertirnos en pequeñas empresas de comunicación”, sostiene. Además, destacó que hoy tienen mayor relevancia las historias humanas detrás de la producción: “Las historias personales de quienes trabajan en el campo o en la agroindustria son fundamentales”.
Sobre el rol de las mujeres en el sector, reconoció que hubo avances importantes, aunque todavía quedan desafíos pendientes. “Las mujeres de mi generación tuvimos que remar mucho en un ambiente preponderantemente masculino”, recuerda. “Por suerte cambió muchísimo y hoy la voz de las mujeres es más escuchada y respetada”. Sin embargo, advirte que aún existen espacios donde la opinión femenina continúa siendo resistida. “Queda camino por recorrer, pero realmente se avanzó muchísimo en los últimos diez años”.
El lado más humano del campo argentino
Por último, la periodista habla sobre “Amadas”, el proyecto audiovisual que impulsa para visibilizar las historias de mujeres rurales y que define como un antes y un después en su vida. “Cuando empecé a conocer las historias y vivencias de tantas mujeres del agro, sentí que tenía que hacer algo para comunicarlo”, relata. “Todas las historias son tan ricas e inspiradoras que para mí son un alimento de vida”.
“Amadas me enriqueció no solo como periodista, sino también como persona”, concluye Giovannelli, convencida de que el futuro del periodismo agropecuario estará cada vez más ligado a las historias humanas que sostienen al campo argentino.
Por Marizú Olivera Orquera
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