Producir y conservar: La alianza que busca recuperar los pastizales sin perder rentabilidad ganadera

Producir y conservar: La alianza que busca recuperar los pastizales sin perder rentabilidad ganadera

Con más de 850 productores vinculados en Argentina y otros países de Latinoamérica y más de 1,3 millones de hectáreas bajo manejo sostenible, Alianza del Pastizal trabaja junto al sector productivo para proteger y restaurar las pasturas naturales y la biodiversidad en los campos.

Los pastizales naturales son importantes reservorios de biodiversidad que contribuyen a la regulación del agua y del clima, almacenan carbono y son el hogar de diversas especies de animales y vegetales. Sin embargo, la actividad humana hizo que el 80% de estas áreas se perdieran principalmente por la intensificación y expansión de prácticas agrícola-ganaderas bajo manejo inadecuado, uso indiscriminado del fuego y el desarrollo urbano.

Fotos: Pablo Grilli

Frente a este escenario y buscando recuperar el valor de la tierra, así como proteger el legado cultural ganadero, en 2006 nació la ONG ambientalista Alianza del Pastizal con una propuesta que parte de una premisa: «Si no trabajamos junto con los productores, se pierde lo poco que queda«, sostiene Federico Schäfer, coordinador de Alianza del Pastizal en Argentina. La iniciativa, impulsada por BirdLife International, es parte en el país de la ONG Aves Argentinas y reúne a conservacionistas, productores, académicos, investigadores, representantes gubernamentales y empresarios, cuyo objetivo común es encontrar modelos que permitan generar una producción sostenible y, al mismo tiempo, mantener la biodiversidad.

El productor, en el centro de la estrategia

Desde hace 20 años, el trabajo se concentra mayormente en la pampa húmeda debido a que “es el lugar con mayor pérdida de ambiente”, explica el coordinador. El trabajo comienza en el campo donde la organización realiza una auditoría sin costo que contempla aspectos productivos y de conservación, con herramientas que incluyen imágenes tomadas con drones, relevamiento de aves y otros animales, y evaluación de la gestión y formas de producción. A partir de ese diagnóstico se realizan recomendaciones. “La única restricción que tenemos es que el productor tiene que mantener el 50% del predio con pastizales naturales o que esté perennizado para recuperarlos”, indica.

La propuesta no apunta a imponer un modelo único, sino a adaptar las prácticas a las características de cada ambiente. “Manejo holístico, pastoreo racional y otras herramientas pueden integrarse cuando están ajustadas a las condiciones naturales del lugar”, explica Schäfer y agrega: «Lo primero que le proponemos al productor es que sea más eficiente con los recursos que ya tiene«. Medir correctamente, respetar los tiempos de siembra y utilizar los productos de acuerdo con sus indicaciones son acciones que, aún sin grandes inversiones, pueden mejorar el aprovechamiento de los recursos.

Fotos: Pablo Grilli

El resultado buscado es que la conservación no se convierta en una variable de ajuste frente a las necesidades económicas del establecimiento. Por el contrario, la biodiversidad debe integrarse al sistema productivo y formar parte de una estrategia que mejore su eficiencia. “No romantizamos la regeneración sino que realmente queremos hacer un camino para que vuelvan a aparecer las plantas, los bichos y los animales que tienen que haber en cada hábitat. Hay un trabajo de revalorización de los pastizales naturales. Antes se creía que el pastizal natural era algo que había que domar o cambiar”, enfatiza el representante de Alianza del Pastizal en Argentina.

Más producción, menos costos

La Alianza del Pastizal está presente en cuatro países del Cono Sur: Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, donde alrededor de 850 productores ya producen unas 2 millones de hectáreas bajo manejo sostenible y se recuperaron 209 especies de aves protegidas. En Argentina, los “productores con corazón verde” -como los llama el coordinador local- ya son 200 y las hectáreas 700 mil.

La experiencia acumulada muestra que producir y conservar no necesariamente implica resignar rentabilidad. En muchos casos, el primer beneficio económico aparece por una mejor gestión de los recursos disponibles: «El principal beneficio a nivel económico es la bajada de costos por trabajar mejor«, señala el coordinador. En establecimientos que pasan de un manejo extensivo a prácticas más eficientes, el objetivo es que, con los mismos recursos, se pueda obtener más carne o mejorar el resultado económico del productor.

La organización también registra mejoras en indicadores productivos, como los índices de destete y preñez, asociados a una mayor eficiencia en el manejo y la rotación. En algunos casos relevados, se alcanzó el doble de carga junto con un mayor rendimiento de carne y un incremento de la biodiversidad.

Biodiversidad y créditos de carbono: Un diferencial rentable

Si bien un tema preocupante es el avance de las especies exóticas como el jabalí o el ciervo colorado, los resultados positivos alientan a seguir trabajando en la recuperación del ambiente. “En cuencas muy modificadas se volvieron a ver bichos propios del pastizal, aves como pechos colorados, cachirlas o cardenal amarillo. En los campos de Patagones volvieron a aparecer tortugas terrestres. También se ven más mulitas, aguará guazú o pumas que conviven con las producciones ganaderas”, cuenta Schäfer.

Por otra parte, la posibilidad de producir carne a pasto o granos provenientes de sistemas que no implican deforestación y que cuidan la biodiversidad, es un “atributo valorado por los mercados Premium”, afirma. Pero, al mismo tiempo, enfatiza que para aprovecharlo “debe existir una estrategia adecuada de comunicación y diferenciación”.

A su vez, la ONG avanza en un proyecto de créditos de carbono que involucra a 140.000 de las 700 mil hectáreas que gestionan en Argentina. El objetivo es promover, a través de un desarrollador internacional, créditos de alta integridad vinculados a la conservación y generar, así, una nueva fuente complementaria de ingresos para los productores.

De conservar a integrar producción y naturaleza

Después de dos décadas de trabajo, Schafer identifica un cambio profundo en la forma de abordar la conservación. «Pasamos de una visión más conservacionista a otra que integra la visión del productor«, afirma. También cambió la percepción del mercado: “la conservación dejó de asociarse exclusivamente con una reserva ecológica y comenzó a vincularse con las cadenas productivas”.

Ese cambio resulta especialmente relevante en 2026, declarado por la ONU como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. El desafío ahora es llevar estas experiencias a una escala mayor: que producir alimentos, conservar biodiversidad y recuperar ambientes no sean objetivos contrapuestos, sino partes de una misma estrategia de desarrollo rural. En este sentido, con evidencia concreta y replicable, Schafer concluye con una afirmación contundente: «Es totalmente posible producir conservando«.

Por Paola Papaleo

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